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Artículos
Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell

A la memoria de  Francisco Civera y José Avilés, compañeros en aquella aventura.

Diario de la expedición
Yambo, Kenya
(Publicado en la revista Alborada, Nº 53-2009)
           Al abrir la gastada tapa de mi diario de viaje, cayeron de entre sus páginas las resecas hojas de un espécimen vegetal que recuerdo haber recolectado en el Monte Kenya, entre unas grietas, en la oscura y volcánica pared que defiende la cima de la montaña.


            En mi memoria, asocio aquella atlética escalada a un luminoso día sobre la meseta centroafricana, bajo el cielo azul de la Cruz del Sur, tan próxima al Ecuador, que el intenso frío durante la noche y el tórrido calor diurno confunde, aún hoy, mis sentidos. Tampoco sé de qué planta se trata, pero el suave olor que todavía desprende me sigue uniendo a los días lejanos que hoy quiero relatar.

Un montañismo serio

            A finales de los setenta, del siglo XX, el alpinismo mundial estaba inmerso en la organización de múltiples campañas a las más distantes montañas de la Tierra, un proceso que en nuestro país se había iniciado algo tarde en 1961, con la expedición a los Andes, la primera española bajo los auspicios de la federación, que estimuló hacia idénticos objetivos a los clubes montañeros del momento.
            En ese contexto nació el Club Alpino Eldense, guiado por la ilusión de dotar al montañismo local del carácter deportivo que a nuestro juicio necesitaba, intentando separar el movimiento excursionista del montañismo auténtico, entendido éste como símil lingüístico y literal del alpinismo, un deporte disciplinado y técnico envuelto en un intrínseco halo de aventura.
            Las expediciones a lejanas montañas respondían bien a las necesidades de aquel sentimiento, serio y comprometido, alejado del simplismo excursionista reinante. (Haciendo un paréntesis diré, que hoy en día ha vuelto a caer, por mor del populismo, en parecidos defectos, que para entenderlo mejor resumiré, diciendo que aquel montañismo del que tuve el honor y fortuna de formar parte, no se parecía en nada al actual, totalmente “descafeinado”, en el que sólo se salvan meritorias excepciones).

           Remato el tema afirmando con rotundidad que estas excepciones de hoy eran la norma y, en todo caso, la meta a seguir de entonces, pues en ello reside la diferencia que entenderá el lector, y sólo así podrá comprenderse que a finales del mes de enero de 1980 partiera de Elda una expedición compuesta por 14 integrantes, rumbo a las más altas cimas del continente africano. Ya el hecho de que ninguno de nosotros tuviera vacaciones laborales, que hubo que forzar en los respectivos centros de trabajo, habla de aquel ímpetu deportivo, por no mencionar que fue una de las más numerosas de todas cuantas han salido de nuestra ciudad, y la primera en la que tomaba parte una mujer eldense: Isabel Martínez Bernabeu, y un jovencísimo José Luis Peinado Martínez, quien todavía no había adquirido la mayoría de edad y realizó el viaje subvencionado por el Alpino.


           La expedición se denominó KIMAKE-80, tomando las dos primeras letras de los objetivos que nos habíamos propuesto: Kilimanjaro y Mawenzi, en Tanzania y Monte Kenya en Kenya.
           A nuestro viaje se unieron dos importantes montañeros de aquellos tiempos: el valenciano Miguel Gómez, uno de los mejores alpinistas españoles de la época, y Miguel Ángel García Gallego, popularmente conocido como “El murciano”, quien gozaba de gran fama tras su televisiva escalada al Naranjo de Bulnes. Con ambos compartimos viaje hasta la base de la montaña, para seguir desde allí rutas diferentes.

 

Nairobi
En el centro de la foto , al fondo, el edificio del
Palacio Internacional de Congresos en Uhuru Park

 

Nairobi

          El 30 de enero, después de dos días dando tumbos aéreos, aterrizamos en la capital de Kenya, la cual no podía decirse que estuviera en su máximo esplendor, pero comparándola con una visita mía posterior, me atrevo a decir que, en aquel inicio de 1980 todavía lucía bajo modernas farolas (luego desaparecidas) y encandilaba al mundo desde el Palacio Internacional de Congresos con sus 28 pisos, incluido su moderno restaurante giratorio en la última planta, enclavado en el corazón de la city, junto al mausoleo del padre de la patria Jomo Kenyatta, fallecido en 1978, desde donde en días claros se divisa el Monte Kenya y el Kilimanjaro, aunque yo nunca los pude ver.
           La economía deportiva nos llevó a compartir insomnio (sólo eso) con los clientes del viejo burdel donde nos hospedamos los dos días que empleamos en adquirir alimentos y utensilios de cocina, antes de desplazarnos al National Park Mount Kenya, distante de la capital a unos 180 kilómetros. La embajada española quedó encargada de gestionar el difícil permiso para el cruce de la frontera con Tanzania, donde nos esperan los otros dos objetivos de la expedición. Luego sabríamos que sin éxito.

Met Statión

           Dos días más nos llevó alcanzar las cabañas de madera en un claro de la selva, a 2900 metros de altitud,  junto a una estación meteorológica donde no había nadie. En Naro Moru habíamos contratado el día anterior a 25 porteadores para el traslado de nuestro equipo hasta la base de la montaña, aunque éstos no vendrían hasta el amanecer. La noche en la selva nos impresionó a pesar de las continuas bromas fruto de la satisfacción por haber acabado el papeleo y enfrentarnos a lo que realmente nos gusta. La cercanía de las pendientes nos oculta la montaña, a la que sólo hemos visto un momento, desde la distancia y entre nubes. Sus enhiestas cimas nos cautivaron, pero los grandes arácnidos en el techo de nuestras literas no nos dejarían conciliar el sueño.  

Met Station
Desde Met Station iniciamos el camino a pie

Monte Kenya desde el Valle de Teleki
El monte Kenya desde el Valle de Teleki, cerca de Mackinder's Camp y la esbelta Punta John

En el Campo Base
            Con la llegada de los porteadores iniciamos la marcha, primero por la pista forestal y al poco por la empinada senda entre árboles y bambú. Sobre el medio día la vegetación desapareció al dar vista al Valle de Teleki y al Monte Kenya con su espectacular Couloir del Diamante, custodiado por las dos cimas gemelas que honran la memoria de dos grandes jefes espirituales de la tribu massai, Batián y Nelión, de 5199 y 5188 metros de altitud respectivamente, separadas por el alto collado de la Puerta de las nieblas.
            En el Teleki aparecieron las lobelias gigantes y el zuzón, especies del reino vegetal que miden de tres a cinco metros de altura, y dan un extraño exotismo al paisaje propio de la altitud, que alcanza los 4115 metros al llegar a Mackinder’s Camp,  al inicio del gran repecho que nos situó sobre la morrena de piedras, donde se asientan los refugios Top, Firmin y Austrian Hut, a 4790 metros, separados de la cara Este del Nelión por el Glaciar Lewis, cuyas nieves descienden al Norte de nuestra posición desde la Punta Lenana, que sería nuestra mejor zona de aclimatación a 4985 metros,  dando vistas a  la pared que era nuestro objetivo.                         

            Las náuseas y el dolor de cabeza hicieron acto de presencia durante la noche, sumando desgaste a los efectos del estofado con chocolate, con el que Pastor nos obsequió en la cena, permitiéndonos a todos, sin excepción, admirar los reflejos de la luna sobre la roca, al tiempo que jurábamos en arameo, entre banales esfuerzos, en memoria de tan infame combinación gastronómica.

El Monte Kenya
            La montaña es un volcán inactivo que no forma parte de ninguna cadena o sistema montañoso, elevándose solitaria  al Sur del lago Turkana, aunque comprende un total de siete picos y una docena de glaciares. El primer europeo que la vio fue el misionero Johann Ludwig Krapf en 1849, pero tendrían que transcurrir 50 años hasta que en 1899 Halford Jhon Machinder’s junto a C. Ollivier y J.Brocherel lograran coronar el pico Batian, su máxima altura, y otros 30 más, antes de que en 1929 Eric Shipton y Bill Tilman pudieran enlazar en una misma ascensión las dos cumbres de la montaña. Casi 50 años después, ése era también nuestro propósito.  
Cumbre del Nelión
Sobre la cresta que corona el primer tramo de la pared. Arriba la cumbre del Nelión
La escalada
            Vista desde el refugio, la gran pared es un caos de placas, chimeneas y otras rugosidades, formadas por grandes viras de roca de claroscuros matices, entre el rojo y el anaranjado. Especialmente es así con las últimas luces de la tarde, y aunque no nos parecía una escalada difícil, lo desconocido del territorio merecía el respetuoso beneficio de la duda. La ruta, que cabalga entre abismos, culmina sobre la afilada cresta a los pies del grandioso Espolón Mackinder’s, donde intuíamos que se encontraban  las mayores dificultades.
            Habíamos subido la Punta Lenana buscando una mejor aclimatación que suavizase el tremendo dolor de cabeza, y coronado las Puntas Melhuish, Thomson y John, de bella factura y aérea escalada, pero el objetivo principal eran las cimas gemelas de Nelión y Batián, máximas altitudes del volcán.
            La ascensión se llevo a cabo en días distintos formando varias cordadas con un total de diez escaladores, siguiendo la ruta Mackinder’s, un trazado evidente que supera en el primer tramo de pared la chimenea del mismo nombre, y transcurre entre placas de excelente roca hasta culminar en la cresta, al pie del Espolón Mackinder’s, uno de los pasos claves característicos de la ruta.
            La grandiosidad del territorio otorga un atractivo que añadir a la excelente calidad de la roca, y los pasos atléticos se sucedieron entre bellos diedros de extraordinaria fractura y aéreas aristas de agarre franco en sólidas fisuras, que me recordaban el granito del Circo de Gredos, dándonos confianza y seguridad.
            La guardo en mi memoria como una de las escaladas más placenteras que he podido disfrutar a lo largo de mi etapa como escalador. Sé que aún hoy, a la gente ajena al mundo de la escalada y del montañismo, le cuesta entender que se pueda disfrutar colgado de los abismos, esforzándose por alcanzar algo tal poco práctico como la cima de una montaña, con el agravante de aislamiento y lejanía, que multiplican el peligro, pero en ello radica la gloria de este deporte que, desde la propia concepción de una ruta, reclama la generosidad del hombre en estado puro, haciéndote sentir que, cuando escalas una gran pared, unido al compañero en quién confías, estás donde quieres estar, eres lo que quieres ser, y apuestas por ello, dando todo lo que posees.
            Superado el tramo vertical del gran espolón, un flanqueo a la derecha nos permitió alcanzar el anfiteatro y llegar sin dificultad hasta el Nelión, envueltos entre nubes, que dieron a la cima un especial encanto, con el astro rey tornasolando el lugar. Momento indescriptible que, pase el tiempo que pase, siempre conservaré fresco en mi memoria.
            Aquella noche la pasamos en la cumbre cobijados en el Vivac Lobornat, y al amanecer, cruzando el aéreo pasaje de La Puerta de las Nieblas que separa los dos picos, alcanzamos la cima del Batían, coronando la máxima altura del Monte Kenya.


Cara Este del Monte Kenya, en la vía Mackinder's

El Regreso
            No tuvo más historia que la noticia de la embajada en Nairobi, comunicándonos que había sido denegada la entrada en Tanzania, a causa de las malas relaciones entre ambos países africanos, algo que ya esperábamos, pero que no nos amilanó. Hacía falta algo más que un simple no, para desanimar a un grupo tan decidido como el nuestro, y sabríamos encontrar una entrada imaginativa hacia el Kilimanjaro y el Mawenzi, los objetivos pendientes de KIMAKE-80, pero eso es otra interesante historia que prometo contar.


Cumbre del Nelión: Civera, Verdú, Higueruela, Matix, Maestre y Avilés


Equipo expedicionario: de pie José Aviles, Francisco Civera, Miguel Verdú, Juan Vicente Valero, Isabel Martínez, Anastasio Higueruela, Jose Luis Peinado Y Juan Manuel Maestre. Agachados: Juan Mataix, José Francisco Maestre, Isabelo Gómez, Juan Antonio Serrano y Manuelo Juan. Al fondo la cara este del monte Kenya, por donde transcurre la ruta Mackinder's.

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