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La metacomunicación humana | Psicología y empresa

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Master en gestión de recursos humanos trabajo y organizaciones

 

PSICOLOGÍA Y EMPRESA

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Psicología y empresa

Las organizaciones se podría decir que son tan antiguas como los seres vivos. Si analizamos cualquier ser vivo nos daremos cuenta que está compuesto de organizaciones celulares que denominamos órganos y/o sistemas biológicos que se agrupan y organizan para controlar al medio hostil en el que se desarrollan.

Ante este hecho probado, los seres humanos como seres vivos que somos, seguimos las mismas reglas de comportamiento que todo ser vivo lleva impreso en sus genes. El aprendizaje social es otra herramienta útil que nos ayuda a superar los obstáculos que el día a día nos impone. Las organizaciones industriales, políticas, sociales y de todo tipo, están compuestas por personas, sin las cuales no ha lugar a organización. Incluso una sola persona podríamos considerarla organización, ya que interactúa con el entorno y está sujeta a normas establecidas por el propio hombre o a leyes naturales.

El interés del hombre por las organizaciones tiene un largo camino andado, desde las filosofías orientales, aztecas y mayas pasando por Platón y Aristóteles, hasta épocas recientes como nos muestra el pensamiento de Bertrand Russell en su ensayo “El Midas Moderno”. Es a finales del siglo XIX cuando aterriza la psicología en el campo de las organizaciones, debido a la confluencia de intereses de ambos para dar soluciones a sus problemas. Por una parte, la introducción de la maquinaria en la cadena productiva (Segunda Revolución Industrial), ocasionó grandes problemas en la sociedad industrializada por la merma de los puestos de trabajo. Ambas, comenzaron un camino incierto en el que tenían y tienen, mucho que aprender.

Fueron F.W. Taylor (1856-1915) y E. Fayol (1841-1925) a finales del siglo XIX los primeros en aterrizar en auxilio de las organizaciones industriales. Propusieron la planificación, control y división de las tareas en el trabajo, estructuras formalizadas de funciones, autoridad firme y permeable en los órganos de gobierno empresarial, compensaciones en función de la producción, etc., con la finalidad de esclarecer la conflictividad en la que el mundo de las organizaciones industriales se veía inmerso. Esto dio lugar a la Psicología Industrial, que más tarde y en Europa pasaría a llamarse Psicología del Trabajo y de las Organizaciones.

Estos conocimientos científicos, nuestra corta y/o larga experiencia laboral y las ganas de seguir siendo útiles a la sociedad en beneficio de la evolución, son los motivos que nos han hecho plantearnos el proyecto empresarial y social que a continuación desarrollamos.

El proyecto consta de dos líneas básicas: una de ellas tiene orientación empresarial clásica, con la cual daremos viabilidad económica al proyecto global y la otra, es de marcado carácter social. Este proyecto en su conjunto nos permitirá demostrar, si desde la órbita empresarial, es posible vivir de forma sostenible con el entorno ecológico que nos rodea o no.

El proyecto consiste en la realización de una estructura empresarial que tendrá como objeto ofertar un espacio físico, en un ámbito rural, donde poder descargar los altos niveles de estrés que esta sociedad del “ya”, el “ahora”,”lo quiero para ayer”, etc., nos demanda, o creemos que nos demanda. Pensamos que esta sociedad de vértigo en la que nos encontramos inmersos necesita de islas en las que podamos restablecer el equilibrio roto por las demandas laborales y sociales.

El espacio físico será una pequeña comunidad rural amparada bajo la denominación de casa rural, dónde se dará alojamiento y los clientes tendrán opción de recurrir a unos servicios adicionales dirigidos por profesionales del campo de la psicología en sus distintas especializaciones. Estos servicios estarán orientados por una parte al mundo de la Psicología del Trabajo y las Organizaciones, ofertando servicios de selección de personal, reciclaje y actualización del personal organizativo, cursos de formación a nuevos empresarios con orientación humanista y sostenible. Por otra parte se ofrecerán servicios dentro del campo de la Psicología Clínica y de la Salud, tales como: terapia individual, de pareja, familiar y grupal atendiendo a las diversas problemáticas, mediante una orientación ecléctica que incluya nuevas orientaciones sistémicas y gestálticas. Nuestras instalaciones incluirán salas comunes para la charla, biblioteca y rincones ajardinados al aire libre para la lectura y el paseo. Las actividades de senderismo y excursiones serán capítulo importante en nuestra estructura empresarial, ya que al estar ubicada en una zona de especial interés ambiental y destacado renombre histórico, creemos que servirán de acicate para poder desarrollar las labores sociales a las que hemos hecho alusión (anexo 7); en este sentido, ofertaremos al municipio, donde estará ubicada la empresa, los servicios de asistencia social.

 

 

En definitiva, nuestro proyecto quiere ser innovador y realista, contribuyendo a solucionar problemas sociales con renovadas ideas que ayuden a la pequeña y mediana empresa a salir de la encrucijada a la que las multinacionales las han abocado.

Pensamos que la Psicología del Trabajo y las Organizaciones puede ser uno de los caminos con horizonte esperanzador, mediante el que se puede aportar un beneficio a esta sociedad que, según parece, a pocos gusta.

En esta práctica presentamos las teorías organizacionales en las que basar la empresa que queremos crear, así como los pasos realizados para reunir la documentación necesaria y aquellos presupuestos que nos permitan llevar a cabo el análisis de viabilidad y plan de marketing. En el apartado de resultados presentamos la toma de decisiones respecto al abanico de posibilidades que se nos plantea. Y por último, en la discusión, presentamos una valoración acerca de la adecuación de nuestra empresa al marco teórico planteado.

Hay distintos modos de enfocar el estudio de las organizaciones, sobre todo cuando se trata de empresas; por una parte, y mayoritariamente encontramos enfoques centrados en la producción y gestión de beneficios económicos y por otra parte, un enfoque humanista, que añade a lo anterior la importancia de las necesidades y deseos de realización personal de los individuos. Desde este último enfoque, el “Desarrollo Organizacional” plantea que la participación de los trabajadores en un proyecto organizacional común, posibilita a la organización alcanzar mayores cotas de progreso y a la vez permite el desarrollo personal de los empleados (Quintanilla, 1987).

En relación al estudio del entorno organizacional, encontramos dos aproximaciones que comparten las mismas cuestiones, pero que las abordan de diferente manera, son la perspectiva ecológica y la institucional; ambas se plantean cómo los cambios en el ambiente influyen en las organizaciones y cómo los procesos ecológicos contribuyen a los cambios fundamentales en el orden institucional. Desde la perspectiva ecológica, las organizaciones no pueden determinar las amenazas importantes del entorno, de modo que es éste el que permite la optimización del funcionamiento y el que realiza la selección óptima de las organizaciones (Hannam y Freeman, 1977). Esta perspectiva ecológica se centra en los procesos de nacimientos y fallecimientos organizativos y con respecto al nacimiento de la organización, Stincheombe (1965), argumenta que las organizaciones que son fundadas en determinado momento son diferentes de las creadas en otro momento porque se ven influidas por la tecnología social imperante.

Previo a la creación de una empresa es conveniente realizar el diseño organizativo en función de distintos parámetros, como pueden ser la especialización del puesto, la formalización del comportamiento, la formación y el adoctrinamiento. Atendiendo a estos parámetros, encontramos dos tipos de estructuras: estructuras orgánicas que se caracterizan por la interdependencia en relación a las tareas a realizar, mayor descentralización del control y de la autoridad, mayor comunicación e interdependencia horizontal y menor estandarización a la hora de llevar a cabo las tareas, lo que las convierte en organizaciones más flexibles y adaptables a los ambientes inestables; estructuras burocráticas o mecánicas, que se caracterizan por la centralización del control y de la autoridad, un elevado grado de especialización de las tareas, elevada formalización de roles y normas, comunicación predominantemente vertical y control de la información por parte de la autoridad jerárquica que es la que toma las decisiones.

 

 

En relación a los miembros de la empresa, podemos encontrar varios mecanismos básicos de coordinación: de adaptación mutua, mediante el cual todos los miembros se repartirían el trabajo de acuerdo a sus funciones, y estructura y trabajador se coordinarían entre sí; de supervisión directa, en el cual un grupo de personas dirigirían y coordinarían el trabajo de otras; y de estandarización, coordinación por medio de pautas determinadas, lo que reduce la necesidad de control y supervisión, (Mintzberg, 1998).
Con respecto a la relación entre la estructura organizacional y el ambiente, Mintzberg (1979) plantea un modelo en el que se observan cuatro tipos diferentes de ambientes que quedan configurados a partir de las dimensiones de estabilidad y complejidad:


· Simples y estables: adecuados para la aparición de organizaciones con estructuras burocráticas, y centralizadas con un flujo de trabajo estandarizado que permita su coordinación interna.
· Complejos y estables: favorecen a las estructuras burocráticas descentralizadas, tanto vertical como horizontalmente.
· Simples y dinámicos: se adaptan mejor a organizaciones flexibles, con estructura orgánica, pero con centralización del poder.
· Dinámicos y complejos: fuerzan a adoptar estructuras flexibles y orgánicas, favorecen la descentralización y la coordinación mediante ajuste mutuo entre los miembros que componen la organización. Este ambiente provoca incertidumbre para la organización. Así, para este tipo de ambiente lo más adecuado son estructuras orgánicas, con una gran capacidad de adaptación a los cambios; flexibles, formadas por profesionales de carácter multiprofesional y con patrones de comunicación multidireccionales; descentralizadas y con alta participación en la toma de decisiones.


Otro proceso importante a tener en cuenta es la resolución de conflictos que puedan producirse en una empresa. En este sentido Morley y Stephenson (1977) definen la negociación como un proceso de interacción comunicativa en el que dos o más partes intentan resolver un conflicto de intereses, utilizando el diálogo y la discusión, descartando la violencia como método de actuación y avanzando hacia un acercamiento gradual de concesiones mutuas…

… Somos conscientes de que las teorías humanistas han sido tradicionalmente criticadas por su falta de cientificidad, por ello queremos contribuir con nuestro proyecto a cubrir esta laguna y combinar la práctica de la psicología científica, que implica la recogida y análisis de datos, con la atención, tanto clínica, como social de las personas, en el amplio marco de una concepción humanista. El bienestar social, la salud y la mejora del individuo en particular, son las metas viables y valiosas que alientan nuestra organización.

Según argumentan Quintanilla y Bonavía (1993) en su teoría acerca del “Desarrollo Organizacional” de una empresa, el hecho de que un grupo de personas, como los integrantes de este proyecto, compartan y aporten su esfuerzo para hacer de esta idea una realidad augura un buen comienzo, pues ponen todo su empeño y su trabajo por una meta común y permite un desarrollo pleno y un sentimiento de realización en la persona.

En relación al estudio del entorno organizacional, se puede observar que hemos tratado de realizar un estudio cuidadoso y meditado acerca de los objetivos que persigue nuestra empresa, con el fin de poder integrarla eficazmente en el entorno que deseamos, es decir, nuestra empresa persigue unos objetivos y para poder llevarlos a cabo, todos los elementos que participan en él tienen que estar bien sincronizados. Uno de los objetivos es la creación de una casa rural, para ello el emplazamiento debía ser en un entorno rural donde el cliente se sienta en contacto con la naturaleza y el medio ambiente; además, las características del alojamiento han de dar lugar a unos valores que defiendan la filosofía de la empresa, como son la tranquilidad, el orden, la calma, la serenidad, etc, para ello todas los componentes y elementos que componen el alojamiento en sí, son estudiados para ver si son de nuestro agrado y cumplen con este objetivo. Ya que trabajar en un entorno que no sea acorde con nuestra filosofía, podría generar un sentimiento de rechazo y de insatisfacción en el puesto de trabajo.

Siguiendo con nuestro estudio, otro de los objetivos que presenta la empresa es ofrecer un servicio de terapias psicológicas para aquellas personas que lo solicitasen, con ello debíamos adecuar las instalaciones con despachos y salas que permitiesen ofrecer este producto de forma eficiente. Por tanto, nos encontramos en un entorno organizacional un tanto peculiar, pues vemos que por una parte ofrecemos un servicio de alojamiento (casa rural) que requiere unas características específicas (emplazamiento al aire libre, número de habitaciones determinadas, etc...) y a su vez debemos integrar y adecuar todos aquellos elementos que permitan un buen funcionamiento y una calidad en el servicio de asistencia psicológica que se oferta de forma paralela.

Somos conscientes de la dificultad que implica la puesta en marcha de un proyecto de gran envergadura como el que estamos presentando, no solo por la cantidad de cosas que se deben de realizar, sino por la innovación y la novedad de este tipo de servicios (tan solo encontramos un solo producto de similares características en toda España); pero también somos conscientes de que centrándonos en un producto y tratando de ofrecer un servicio de calidad, conseguiremos atraer la atención de aquellos clientes a los que dirigimos nuestro producto.

La estructura que presenta la empresa, según Mintzberg (1979) y su modelo, se podría calificar de un ambiente dinámico y complejo, pues requiere una estructura orgánica flexible que permita una descentralización del poder y un funcionamiento mediante la coordinación entre los diferentes miembros que componen la sociedad. Para ello sería fundamental (y esa es nuestra intención) que los trabajadores que integramos la empresa tengamos un carácter multiprofesional, con alta participación en las decisiones que se tomen y una comunicación multidireccional que nos permitan el correcto funcionamiento de la empresa. Es por tanto que los miembros de esta sociedad cooperativa tendrían una coordinación denominada “de adaptación mutua”, por la cual todos se reparten el trabajo, es decir, todos contribuiremos con nuestro esfuerzo en las tareas de admisión, limpieza, organización de actividades, sesiones de terapias, etc. En definitiva llevar las mismas cargas, funciones y compromisos en la empresa, para que entre todos hagamos posible nuestro fin común.

En cuanto a la resolución de conflictos que planteamos en el marco teórico, somos conscientes de que al ser una estructura descentralizada, se pueden originar situaciones que si no se resuelven de forma eficaz, pueden dar lugar a crisis que desestabilicen el equilibrio necesario para un correcto funcionamiento de la organización. Es por eso que todos los miembros deben ser participativos y comuneros en la resolución de los conflictos que, con el devenir del tiempo, puedan ir surgiendo de forma inevitable.

Autores:
Beltrán Abellán, Sandra
Jiménez Gandía, Mª Ángeles
Gimeno Gonzálvez, Zoraida
Gómez de Mora, Isabelo
Pérez Moneo, Elda

Febrero de 2007

BIBLIOGRAFÍA


Hannam, M.T. y Freeman, J. (1977). La ecología poblacional de las organizaciones.
Revista Americana de Sociología, 82, 924-964.

Mintzberg, H. (1979). La estructura de las organizaciones. Barcelona: Ariel.

Mintzberg, H., Quinn, J.B. y Ghoshal, S. (1998). El proceso estratégico. Madrid: Prentice-Hall.

Morley y Stephenson (1977). Conflicto y negociación en las organizaciones,
en Gil Rodríguez, F. y Alcover, C. M., coords. Madrid: Alianza.

Quintanilla, I. (1987). El hombre en el trabajo: Insatisfacción y Conflicto. Valencia: Promolibro.

Quintanilla, I. y Bonavía, T. (1993). Dirección participativa. Madrid: Eudema.

Stincheombe, A.L. (1965). Social Structure and Organization, en Handbook of organizations,
March, J.G., ed. Chicago: Rand McNally, pp. 142-193.

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DIVAGACIONES SOBRE LA METACOMUNICACIÓN HUMANA

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Si analizamos la historia del hombre sobre la tierra nos damos cuenta que son muchos los hitos que han marcado su evolución. Los libros, llamados sagrados como la Biblia, y otros equivalentes en otras tantas religiones, cuentan en sus “historias” los hechos que marcaron nuestro pasado. Son muchos los tratados filosóficos y teorías, científicas o no, que deben su base a estos libros sagrados y/o mitologías ancestrales.

No es mi intención desmontar teorías ni estudios científicos que han costado mucho esfuerzo, tiempo y trabajo a sus autores. Pero sí me gustaría desmitificar la fe ciega que en muchos casos se profesan a ciertas teorías dentro del ámbito de la psicología. Sabemos y está publicado, por activa y por pasiva, que las publicaciones en psicología son muchas, otra cosa es su calidad. Quizá hay que comenzar desde dentro a priorizar el aspecto cualitativo frente al cuantitativo. También es cierto que para transgredir las reglas primero hay que conocerlas y respetarlas. Es, desde este respeto, desde el que quiero abordar estas divagaciones acerca de la metacomunicación humana.

Si tenemos en cuenta que el campo de acción de la psicología es el hombre y su medio, así como las interacciones que se producen entre ellos para la supervivencia y el equilibrio de ambos, no podemos pasar por alto las dificultades que ese equilibrio inestable entraña. El hombre tiene la necesidad de transmitir sus conocimientos, habilidades y sentimientos como ser psicobiosocial que es, para así preservar la supervivencia de su especie.

Es aquí donde la comunicación toma carta de identidad como uno de los hitos históricos y fundamentales que conforman la evolución del hombre sobre la Tierra. Sirva como ejemplo “La Torre de Babel”, pasaje de la Biblia en la que Yahvé les confundió las lenguas, para frenar la evolución de los humanos, según nos cuentan.
Mucho se ha escrito sobre la comunicación y el por qué de ella entre los humanos. ¿Pero hasta qué punto conocemos sus entresijos? ¿Cuándo comunicamos? ¿Con quién y cómo? ¿Qué motivaciones y/o emociones, incluso sentimientos, son los que motivan la comunicación con nuestro entorno? …

Son muchas las preguntas que hoy nos hacemos en torno a la comunicación y cuales son sus significados. En este trabajo y con la ayuda de algunas publicaciones y estudios realizados a lo largo de la historia voy a intentar aportar luz a algunas de esas preguntas que la mayoría de personas nos hacemos.

En la comunicación, uno de los rasgos más sobresalientes en los seres humanos es el lenguaje sin duda alguna. Todas las sociedades humanas, hasta las más atrasadas tienen algún tipo de lenguaje para comunicarse entre ellos, con mayor o menor número de palabras, mayor o menor flexibilidad en sus estructuras o fonemas, pero todas gozan de algún lenguaje útil a sus necesidades. Sólo los seres humanos gozamos del habla, que sirve de vehículo a nuestro particular leguaje de comunicación. Los animales no humanos también se comunican, podríamos decir que tienen sus propios “leguajes”, que en este caso son formas de comunicarse, de intercambiar información que es el fin último de la comunicación.

Sería extenso intentar abarcar todos los aspectos del lenguaje y pensamiento, la capacidad lingüística y peculiar de los humanos, sus orígenes y estructuras fisiológicas que lo facilitan, sus genes, las estructuras cerebrales que lo procesan, etc. Pero sólo me voy a centrar en lo que algunos autores de la sobresaliente Escuela de Palo Alto, California, como Don Jackson, el polémico Gregory Bateson o Paul Watzlawick, centraron gran parte de sus investigaciones y trabajos. La metacomunicación como comunicación de doble vínculo y su epistemología, así como sus relaciones con el cerebro y la comunicación ecológica.

Paul Watzlawick, nace en Villach, Austria, (1921). Estudia filosofía y lenguas modernas en la Universidad de Venecia. Se marcha a América y da clases en la Universidad de San Salvador desde el año 1957 al 1960, antes de integrarse en el Mental Reserach Institute de Palo Alto, California, donde permanecerá hasta el final de su carrera académica, compaginándola con la docencia en la universidad de Stanford. Trabaja con Gregory Bateson y Don Jackson. En el año 1969 publica junto a Don Jackson la obra “Human communication”, en el que se sientan las bases del construccionismo sistémico que se fragua en la relación que mantiene con Don Jackson y Gregory Bateson, que girará en torno a la comunicación y la percepción de la realidad.

Decía Gregory Bateson que: “hay un todo envolvente que sobrepasa el recorrido semántico de cada uno de los sustantivos que conforman la comunicación”, serían por consiguiente la mente, el espíritu, el pensamiento, y la propia comunicación, los constituyentes de la dimensión externa del cuerpo, que conforma parte de la realidad de cada individuo. Es a mí entender, en este pensamiento de Bateson, donde Paul Watzlawick fundamenta y da base a sus trabajos posteriores en los que se plantea la hipótesis de que la realidad es el resultado de la comunicación. Seguía diciendo Bateson que: “el cuerpo traspasa el perímetro biológico a través de las extensiones de la mente, de su alcance comunicativo, y los efectos de esas extensiones, de sus trazos informativos, se convierten en instrumentos de cohesión psicológica y social, de interacción, identidad y pertenencia a un contexto dado”.

Dicho esto, partamos de la base que todo es comunicación. O dicho de otro modo, para ser fieles a la teoría de Paul Watzlawick, la imposibilidad de no comunicar. Para ello se hace necesario definir todos los términos implícitos y explícitos en la comunicación.

En primer lugar para que haya comunicación es imprescindible que haya una interacción entre dos sujetos como mínimo, o bien entre un sujeto y una cosa, material o inmaterial. Por otra parte en toda comunicación tiene que haber una transmisión de datos de mayor o menor intensidad, si fuese poca intensidad se le denomina mensaje, y de mucha intensidad y por un espacio prolongado de tiempo conversación. Si además no existiese la posibilidad de confusión en el mensaje o conversación se convertiría en una comunicación. Por ello, deducimos que en toda comunicación entran en juego una multitud de parámetros y variables que interactúan entre las dos partes que se comunican, cambiando los roles de transmisor y receptor de forma constante y en la mayoría de las veces se ejercen los dos a la vez. Por ello, entendemos que toda comunicación deriva en conducta.

Asumido que toda comunicación deriva en conducta y viceversa, estamos ante el manejo de unidades comunicacionales, compuestas de multitud de fluidos (éteres) y modos de conducta, (verbal, tonal, postural, contextual, etc.), y a su vez, unos limitan el significado de los otros. No obstante, todos ellos en conjunto, conforman un todo tan complejo que las posibilidades de comunicar irán desde lo congruente hasta la incongruencia, incluso pueden llegar a lo paradójico. Ya que siempre habrá una conducta, no existe la posibilidad de no-conducta. No hay la posibilidad de no comportamiento, siempre ejerceremos una conducta de acercamiento o de rechazo, de satisfacción o de disgusto, de palabra o de silencio, siempre habrá como mínimo un mensaje, siempre tomamos parte de las cosas, no existe la posibilidad de aislamiento total. Conformamos un todo que interactúa hasta de forma inconsciente.

Esta concepción holística de la comunicación implica un compromiso con la sociedad que a su vez entraña graves riesgos de comunicación errónea ya que impone conductas poco coherentes con el sentido verdadero del mensaje que el transmisor ha emitido, o bien el receptor, ha mal interpretado. Según Bateson estas dos operaciones, se conocen como los aspectos “referenciales” y “conativos” entendiéndolos como informe e instrucción respectivamente. La información puede ser válida o indeterminante, verdadera o falsa, pero no por ello deja de ser comunicación ya que lo referencial de su propósito es transmitir los datos al receptor. Por otro lado lo conativo es cómo deben entenderse los datos y dependiendo de cómo se entienda el mensaje dará lugar a un tipo u otro de comunicación y relación entre los comunicantes, orden o sugerencia, imposición, o broma.

Lo importante para nuestra consideración es la relación que existe entre lo referencial y lo conativo en la comunicación, y es aquí donde toma toda su fuerza el significado de metacomunicación. ¿Qué entendemos por metacomunicación?

Para que la metacomunicación se dé en forma adecuada, tiene que darse no sólo la condición imprescindible de ser eficaz, si no que ha de darse también la complicidad perceptiva entre el yo y el otro, emisor y receptor. Es por ello, que toda comunicación tiene una parte de contenido y otra que le dé carta de autenticidad, de esta manera el segundo clasifica y consolida al primero. Es este hecho el que conforma la metacomunicación.

No obstante encontramos otro tercer axioma de la metacomunicación, ésta depende de las secuencias entre los comunicantes. Para que haya secuencias, como es lógico debe haber un inicio, punto importante e imprescindible de toda comunicación, como demostró Bolzano en sus series matemáticas con letras. Ya que lo que realmente va a influir en el resultado es el inicio, que es lo que marca el punto de partida, las demás relaciones y secuencias pueden ser tan extensas y divagatorias que los resultados pueden llegar a ser infinitos. Toda serie conlleva puntuaciones espúreas, y son éstas las que pueden dar resultados inesperados. Y no por ello, en el tema de la metacomunicación ser resultados no válidos, como sugiere Bateson.

El sistema nervioso central de los seres humanos está compuesto de neuronas, que éstas a su vez reciben los llamados paquetes “quánticos de información” que no es otra cosa que los neurotransmisores que viajan a través de todo el sistema nervioso central recibiendo información del exterior, procesándola y enviando dicha información procesada a los distintos núcleos del cerebro. Desde allí, darán las órdenes oportunas al sistema motor para ejecutar la acción más conveniente. En este hecho fisiológico, y en la complejidad del cerebro humano, podemos ver un ejemplo más de lo que podemos llamar metacomunicación.

Cuando se producen las sinapsis, debidas a los potenciales de acción, estos “paquetes quánticos” producen a su vez unos potenciales postsinápticos excitatorios o inhibitorios que la neurona acumula para inhibir o producir la descarga de información. Como podemos observar la neurona tiene un comportamiento digital binario, da o no da salida a la información acumulada.

Por otro lado, en la comunicación orgánica o biológica es sabido que intervienen otros componentes fisiológicos como son los sistemas humorales o endocrinos. Asimismo se sabe que las modalidades de comunicación de los sistemas neuronales y los humorales, no funciona de la misma forma, estos segundos actúan vertiendo sus compuestos químicos en el torrente sanguíneo o circulatorio. Estos compuestos químicos son magnitudes positivas discretas (analógicas), son análogas a los datos. Por tanto son dos formas diferentes de comunicación que lejos de entorpecer la comunicación se complementan, de forma compleja, pero eficaz.

Se deduce por ello, que el propio cuerpo humano tiene dos tipos de comunicación una analógica y otra digital y ambas se complementan. Es aquí donde se basará mi propuesta de trabajo en esta práctica de comunicación “comunicación analógica y comunicación digital en la metacomunicación”

Las palabras son signos arbitrarios que se le asignan a las cosas para manejarnos, de manera lógica, con arreglo a la sintaxis del lenguaje, por tanto es una conveniencia semántica del lenguaje. No existe otra correlación entre la palabra y la cosa que es designada por la palabra, como afirman Bateson y Jackson.

¿Qué es comunicación analógica y qué es comunicación digital? ¿Cuáles son sus diferencias?


Para empezar, decir que sólo el ser humano es el único organismo que utiliza los dos tipos de comunicación, si bien es cierto que aún no ha sido acabado de comprender, pero se vislumbran hechos suficientes que apuntan a tal afirmación.

La comunicación analógica es todo aquello que es comunicación no verbal, tanto la relacionada con la kinesia como las expresiones faciales, gestos, posturas, etc. También se considera comunicación analógica la frecuencia, tono, cadencia, inflexiones y todo tipo de atributos que se puedan inferir, que no sea la propia palabra en sí, esto es, que no sea su significado semántico. Por tanto, la comunicación digital quedaría definida por el significado estricto de la palabra, su significado semántico, no tiene otro contenido que su significado.

Si ya sabemos que toda comunicación tiene un significado de contenido y otro relacional, sólo queda ubicar cada una en su justo lugar. Por tanto la comunicación analógica ya que es rica en variedad y contenido le asignaremos el tipo de comunicación relacional, por el contrario, a la comunicación digital, que es estricta en su significado la ubicaremos dentro de la comunicación de contenido. Si, como anteriormente dijimos las dos se complementan tendremos un resultado esplendido, una comunicación amplia en recursos y definitoria en sus intenciones.

Esta misma riqueza y complejidad a veces son un obstáculo en la comunicación entre los seres humanos, ya que se pueden dar comunicaciones contradictorias entre lo expresado por una y la otra, o bien que el interlocutor, puede interpretar uno u otro mensaje de forma no correspondiente a las verdaderas intenciones del primero.

El material del mensaje digital es de mucha mayor complejidad, versatilidad y abstracción que el material del lenguaje analógico. La comunicación analógica carece de calificadores para indicar el significado de sus expresiones, por ejemplo, una sonrisa puede determinar agrado, felicidad, ironía, y un largo etcétera de sentimientos actitudes ante una conducta de nuestro interlocutor. La comunicación digital, para esta misma conducta, tiene una compleja y versátil infinidad de recursos sintácticos para definir de forma precisa el verdadero significado de la sonrisa, ya que podrá describirla dentro del tiempo, lugar y contexto que se ha producido.

Otro problema añadido en la comunicación humana, radica en la traducción de uno a otro tipo de comunicación. Si queremos traducir una comunicación digital a analógica implica una gran perdida de información, y al revés ocurre algo parecido, es difícil conceptuar de forma sintáctica la riqueza de matices que son inherentes en la comunicación analógica. Por tanto podemos deducir los problemas que surgen cuando ambos sistemas de comunicación, obligatoriamente han de coexistir.

En resumen, los seres humanos nos comunicamos de forma digital y analógica. La forma digital se contextualiza por una sintaxis lógica, compleja, versátil y poderosa, que carece de una semántica adecuada en el campo relacional. El lenguaje analógico por el contrario, tiene riqueza semántica pero carece de una sintaxis adecuada para la definición inequívoca del contenido o la naturaleza de las relaciones.

Según Watzlawick: “La importancia pragmática, interpersonal, de los modos digital y analógico radica no sólo en su supuesto isomorfismo con los niveles de contenido y de relación, sino también en la inevitable y significativa ambigüedad que tanto el emisor como el receptor enfrentan en lo relativo a los problemas de traducción de una modalidad a la otra. La descripción de los problemas de puntuación se basa precisamente en la metamorfosis subyacente del modelo clásico de acción – reacción”.


Así pues, la imposibilidad de no comunicarse entre los seres humanos es imposible, ya que siempre que haya dos o más personas siempre habrá comunicación interpersonal.

Las palabras son signos arbitrarios que se le asignan a las cosas para manejarnos, de manera lógica, con arreglo a la sintaxis del lenguaje”, por tanto es una conveniencia semántica del lenguaje que los sujetos tienen para adecuar lo más posible sus necesidades comunicativas que quieren transmitir. No existe otra correlación entre la palabra y la cosa que es designada por la palabra. Más tarde Watzlawick en la definición de metacomunicación, haciendo referencia a los dos tipos de comunicación aseveraría: “La importancia pragmática, interpersonal, de los modos digital y analógico radica no sólo en su supuesto isomorfismo con los niveles de contenido y de relación, sino también en la inevitable y significativa ambigüedad que tanto el emisor como el receptor enfrentan en lo relativo a los problemas de traducción de una modalidad a la otra”.

Autor: Apátrida.


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ANTROPOLOGÍA DE LA SALUD

HIPERTENSIÓN
¿Enfermedad o negocio?

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Vivimos en un mundo en donde muchos se empeñan en que todo ha de ser globalizado, pero afortunadamente hay otra parte del mundo que cada vez tiene menos claro el hecho de la globalización, y muchas preguntas sin respuesta. Son hechos que a la antropología gusta estudiar y analizar. Pues todo comportamiento social es atractivo para su estudio, la economía, el trabajo, las migraciones, la salud, la renta per cápita, etc. En definitiva, todo aquello que ocurre en un mundo cambiante y conforma la vida de las sociedades, sus estrategias de supervivencia, y su adaptación al medio en el que se desarrollan.

Pero los hechos son tozudos e incuestionables, los datos se dejan marear por la estadística, y muchas veces no sabemos muy bien distinguir, si estamos ante hechos o ante datos estadísticos. Y es aquí, donde me gustaría sumergirme e intentar desmenuzarlos, en la medida de mis posibidades, si en el tema de la hipertensión esencial nos encontramos ante hechos contrastados, o bien, ante datos estadísticos, que la mayoría de las veces, obedecen a intereses particulares y muy bien estructurados.

La salud y la enfermedad frente a la economía de los pueblos y las distintas culturas que hoy pueblan la tierra es un capítulo importante a tener en cuenta a la hora de plantearnos cualquier estudio o investigación antropológica. Es aquí, en particular, en donde mis investigaciones sobre la hipertensión arterial esencial quiere profundizar y aportar un poco de luz, si cabe, a mi pregunta; ya que creo que los conceptos de enfermedad y salud, en muchas ocasiones, obedecen a cuestiones y/o planteamientos puramente económicos con intereses mercantilistas.

¿Desde cuándo la hipertensión esencial es una cuestión médica? Esta pregunta será la que marcará los límites en la investigación que vamos ha desarrollar, y a la cual intento dar respuesta al amparo de los documentos encontrados en las distintas fuentes de consulta.
Si bien, antes de continuar, planteémonos tres cuestiones aclaratorias que ayudarán a una mejor búsqueda de la respuesta.
¿Qué entendemos por hipertensión? Diagnóstico médico que refiere unos valores determinados en la presión sanguínea arterial producidos por disfunción fisiológica.
¿Qué entendemos por hipertensión esencial? Diagnóstico médico de hipertensión arterial pero sin causa física y/o psíquica detectada.
¿Qué entendemos por cuestión médica? Indicativos médicos que están orientados a producir adhesión al tratamiento para aportar salud al paciente.


Para contestar esta pregunta he realizado una amplia búsqueda de material en las distintas bases de datos relacionadas con la medicina, la antropología y las ciencias de la salud, como MEDLINE, Webspirs, Anthropological Index, y otras. Lo encontrado en estas bases de datos no ha sido de mucha utilidad, ya que no he encontrado ninguna publicación que conteste a nuestra pregunta, puede haberla pero yo no le he encontrado.
En los recursos de internet la búsqueda ha deparado mejores resultados. En la Universidad de Guadalajara, Méjico hay dos trabajos que sí dan respuesta a mi pregunta.
Han sido también de mucha utilidad los trabajos de Dan Blumhagen que aportan información muy relevante para la aclaración de los conceptos que engloba mi pregunta. En ellos se recogen los cuatro aspectos más importantes que toda teoría sobre el lenguaje de las enfermedades debería recoger. De igual manera da un enfoque científico de los distintos conocimientos que conforman el conocimiento biomédico occidental.

Por otra parte me ha sido de utilidad el libro “Medicina y cultura”, de Perdiguero y Comelles (eds.), para situar de forma clara y de fácil comprensión el paradigma antropología y salud, en el cual se mueve mi pregunta. También facilita los posibles caminos de futuro de este paradigma, que parece no tener un camino fácil de acotar.


En su obra “Medicina y cultura” (Perdiguero E y Comelles J. M, 2000) comentan: “creemos firmemente que las demarcaciones disciplinares entre la medicina y la antropología social son todo, menos evidentes…”.
He elegido esta frasee porque creo que centra la pregunta que ha motivado mi investigación sobre la hipertensión esencial.
Y es precisamente la antropología la que expone, cada vez con mayor evidencia, la influencia de los factores culturales en la ciencia médica, tanto a la hora de explicar las causas de las enfermedades, como al aplicar los tratamientos médicos y su adhesión al tratamiento. De igual modo la antropología viene exponiendo las bondades de los distintos modelos y métodos de las distintas culturas y pueblos que habitan el planeta.

(Blumhagen D, 1980), divide en dos grupos de causas los factores determinantes de la hipertensión arterial, diferenciando a su vez dos tipos de hipertensión.
A) Grupo de causas psico-sociales.
B) Grupo de causas físico-hereditarias.

En el grupo de causas psico-sociales, define el estrés crónico como principal causante de la hipertensión, (estado ansioso y de alteración nerviosa que produce en el paciente un estado alterado del sistema simpático, que entre otras irregularidades, produce alta presión sanguínea). Y lo divide en estrés crónico externo (el producido por estrés social y medioambiental) y estrés crónico interno (el producido por problemas psiquiátricos y problemas familiares crónicos). Dando como resultado el estado que el diferencia como “Hipertensión”.

En el grupo de causas físico-hereditarias establece como causas un variado repertorio de agentes alimentarios, genéticos, sobrepeso, y de conductas que desembocan en trastornos renales y hormonales produciendo la “Alta presión sanguínea”, que es el otro nombre diferenciador de la “Hipertensión” social.

Por otra parte, enfoca el hecho de la enfermedad (en nuestro caso la hipertensión esencial) desde modelos distintos.
En el modelo de los expertos, el médico es el principal artífice de la sanación, es como una especie de Dios que tiene todo el conocimiento y poder para solventar los problemas del paciente. Basa su juicio y poder, en las creencias personales y populares que han ido conformando en él un conocimiento retroalimentado por todos los conocimientos a lo largo de la historia. Se podría decir que es un conocimiento que ha crecido en espiral alimentándose de los conocimientos populares, científicos y de su propia idiosincrasia personal. Este modelo se enfrenta directamente con el modelo del paciente, que deseará tener respuesta a todas sus preguntas ante la enfermedad y causas que se la hayan podido producir. Respuestas que en la mayoría de los casos el modelo experto no podrá ofrecerle.
El papel que juega el modelo popular entra de lleno a contestar las preguntas que el modelo experto no ha podido contestar. La memoria histórica, las experiencias y el aprendizaje social son las herramientas más útiles de este modelo.

En este trabajo de (Blumhagen D, 1980), Good expone cuatro aspectos que una teoría sobre el lenguaje de las enfermedades debería recoger:

1) El método por el que unir lo simbólico con lo afectivo y lo fisiológico.
“Las personas convierten algunas experiencias en símbolos para ellos mismos y estos símbolos los utilizan para un conjunto de comportamientos que ellos creen apropiados a la luz del significado de los símbolos (rol de enfermo). También, los utilizamos de forma retrospectiva para reconstruir nuestras memorias y para explicar por qué un símbolo que se manifiesta en un determinado momento tiene gran relación con el pasado”.

Es interesante hacer notar que aunque el símbolo “hipertensión” era usado para asociar la experiencia afectiva con eventos fisiológicos, la relación primaria se daba entre el afecto en el pasado, con experiencias afectivas en el presente y en el futuro.

2) El papel del lenguaje a la hora de relacionar las experiencias sociales con las enfermedades.
“Los términos médicos, “hipertensión” y “alta presión en la sangre”, están relacionados por la clase médica, íntimamente con palabras que tienen un significado afectivo, y se entiende de lo que trata la enfermedad. Y esto es claramente interpretable por la sociedad (interpretación psicosocial), sin embargo, es importante distinguir las diferencias.
A) Hipertensión: es a menudo el resultado físico de un estrés social.
B) Alta presión en la sangre: es uno de los muchos síntomas de la hipertensión.
Por esta dicotomía, la gente puede llegar a considerarse hipertensa, a pesar de que su presión sanguínea sea normal.

3) El uso estratégico del lenguaje de la enfermedad.
"Las personas cambiamos los modelos explicativos de formas diversas, sin que por ello, estas cambien su estructura de conocimientos básicos sobre la enfermedad. Es difícil conocer el vocabulario y la lógica subyacente por la cual los conceptos se unen unos a otros para proveer de opciones de comportamiento y significado".

4) Cómo el cambio en el lenguaje médico se genera dentro de un cambio social más amplio.
"Como el modelo no es estático, está siendo constantemente reinterpretado para adecuarse a las circunstancias cambiantes, y nuevos elementos pueden ser añadidos, desde experiencias ideosincráticas, o desde modelos explicativos populares o profesionales. Sus relaciones se ha demostrado que son flexibles. Deben convivir para subsistir”.

Toda esta situación y conceptos tan enmarañados quizá produzcan una disonancia cognitiva tan grande que no permita una interacción calmada y fructífera entre las partes. Dando como resultado la imposibilidad de curación de la enfermedad en la mayoría de los casos. Los símbolos pueden ser interpretados de formas muy distintas entre sujetos de una misma cultura, y lo mismo puede ocurrir con el lenguaje y el concepto de enfermedad. El paciente tiene la posibilidad de reconfigurar su explicación fisiológica de la biomedicina, de una forma más acorde con él.

Por tanto para Dan Blumhagen la hipertensión debe entenderse como una construcción social, en la que intervienen varios factores que la originan, e incluso varios modelos de interpretación. Con lo cual, la hipertensión esencial se podría decir que es cuestión médica desde los mismos orígenes de la medicina. Entendiendo a esta, como ente que interactúa en la sociedad, sin entrar por el momento en las motivaciones que la llevan a ello.

Para García de Alba, y Salcedo Rocha: “la hipertensión esencial como proceso de salud enfermedad poblacional reviste gran importancia por la morbilidad y la mortalidad que este síndrome produce en nuestra población. Esta patología, por tanto, crea tal cantidad de hechos contrastables en la sociedad que obstaculizan el conocimiento preciso de la historia natural de esta enfermedad. Y más si queremos conocerlo desde un enfoque holístico y conciliador de ideas. Es decir, un estudio ecléctico que no sólo incluya a las ciencias biomédicas, sino también a las ciencias sociales y psicológicas.
Ya que desde los tiempos de Hipócrates, se conocen las complicaciones y secuelas de la hipertensión arterial, que eran atribuidas a un exceso del humor sanguíneo, etiología por la cual, durante casi XX siglos se vienen fundamentando las distintas teorías y terapias que han ido desarrollando las ciencias biomédicas”.

He encontrado bastantes datos que apuntan a fechas de lo que consideramos, como punto histórico en el que se constata la hipertensión arterial como cuestión médica. Por ello, me ha parecido oportuno tomar éste como referencia a mi pregunta formulada:
“La hipertensión arterial tuvo que ver con el desarrollo de la moderna farmacología, al formalizarse la sabiduría popular para el tratamiento de la hidropesía, que las curanderas inglesas realizaban con thés de hojas de dedalera o digital, a partir de su incorporación sistemática al saber médico, hecha por el doctor Wittering para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca en el siglo XVIII”.

Sin embargo la hipertensión arterial como entidad clínica data del siglo XIX, y es un producto de la modernidad. Ya el dramaturgo francés Jules Romains (1885-1972) en su comedia “El tiempo de la medicina” señalaba que la hipertensión arterial era una entidad definida más por números que por signos y síntomas clínicos convencionales, ubicando la hipertensión arterial como la enfermedad de la civilización del orden y el progreso tal como señala el lema de la ciencia positiva de Augusto Conte. En palabras del epidemiólogo Riessman (1996) “la hipertensión arterial es una enfermedad invención de las modernas civilizaciones envejecidas”.
Aclarar que los principales motivos de tomar esta referencia histórica, es porque contesta a mi pregunta de partida.

García de Alba, y Salcedo Rocha van más allá en su investigación y también apuntan que:
“La hipertensión arterial, como hija del modo de producción capitalista, ha servido para poner en evidencia las contradicciones de los impactos anteriores, al requerir más respuestas de orden curativo que preventivo. Tales contradicciones demandan una práctica médica en pro de una salud holística e integral, donde los conceptos sociales de estilo y modo de vida, cobran mayor fuerza como alternativa en formar una sociedad sin límites para el crecimiento y desarrollo biopsicosocial del ser humano”.

Estos datos creo aportan respuestas a mi pregunta ya que se puede decir que la hipertensión arterial esencial, como cuestión médica, se la puede considerar desde finales del siglo XIX y principios del XX, como un producto creado por las sociedades modernas y capitalistas que intentan controlar todo parámetro social en “beneficio” del control colectivo.

Pero como toda respuesta, necesita ser validada, en el apartado que sigue intentaré aportas justificantes que den validez a los argumentos presentados en este apartado.

Ante la experiencia de los síntomas cualquier persona, en un primer momento, busca una explicación mediante su propio modelo de creencias de salud, también es fácil que dicho modelo lo contraste con el modelo de creencias de salud popular, esto es, el de su entorno social (después de todo el hombre es un ser socialmente condicionado por su cultura, y es ahí donde busca las respuestas).

Por otra parte, el ciudadano de cualquier sociedad, (como paciente) tiene derecho a ser informado fehacientemente, si así lo desea, de las cuestiones que afecten a su integridad física, psíquica y social. Pero la realidad es otra muy diferente, casi toda sociedad está establecida en base a estructuras jerárquicas de poder que ejercen el control sobre la mayoría. ¿En qué medida, la salud y la enfermedad, no están relacionadas con esta lucha por el control?

La medicina basada en la industria farmacéutica moderna ha hecho que las enfermedades se deshumanicen y las veamos como una fuente mercantil más de ingresos para sus accionistas. Y me baso en esta afirmación, porque si de sanar se tratase, con las nuevas tecnologías y adelantos que hoy dispone el mundo científico occidental y la industria farmacéutica, estoy convencidos que serían muchos menos los seres humanos que hoy, en el año 2007, padecerían enfermedades que estigmatizan y degradan.

En el pasado como en el presente, los investigadores (los “currantes” de la ciencia) trabajaban y trabajan afanosamente en conocer, para saber más y dar soluciones a respuestas que no la tienen. Pero este buen hacer, en su escalón inmediato cambia de vía, y lo que un momento antes era blanco, pasa a convierte en gris o gris oscuro. Pasa a un mundo en donde aún hoy, se siguen tirando los excedentes de producción al mar para que no se desestabilicen los mercados de consumo. Ese mundo, en donde a los investigadores se les pagan sueldos miserables, y con los frutos de sus investigaciones, unos pocos, se hacen millonarios. ¿Qué está pasando en la sociedad? ¿Qué estudios sociales y antropológicos son necesarios para saber qué está pasando y cuáles son las soluciones?

En la actualidad la población vive un cierto desencanto ante el sistema sanitario y de salud. La insatisfacción que a diario se constata en hospitales, ambulatorios y consultas es algo más que evidente. Cada día son más los diagnósticos de enfermedades que ya nacen con la etiqueta de cronicidad o incurable y menos las que puedan tener unas soluciones más o menos rápidas. Por no hablar de los efectos secundarios de los fármacos sintéticos que envenenan nuestras células. Por ello, la insatisfacción con esta medicina crece día a día, el constructo de salud cambia cada día. Y como prueba evidente de ello, es la creciente campaña de lavado de cara que noche tras noche bombardea nuestros hogares, con series orientadas a reequilibrar el prestigio de las instituciones sanitarias. Y la pregunta sigue zumbando en las cabezas de los enfermos ¿Estoy realmente enfermo? O sólo es que he sido etiquetado para que esta farsa siga su curso y todos podamos seguir viviendo, claro está, unos mejor que otros.

Esta brecha en el poder absoluto del sistema sanitario, ha hecho posible el encuentro con otras muchas terapias y tipos de medicinas (a mi entender mal llamadas alternativas), que hoy comparten cota de poder con la medicina científico occidental.

Por ir definiendo ante el hecho de hipertensión que es el motivo de mi pregunta. En estas sociedades de vértigo que vivimos no se sabría muy bien diferenciar si la hipertensión es un hecho que tiene como base primigenia la genética y los trastornos psíquicos o bien es la estresante vida que realizamos, la que da pie al disparo los trastornos psíquicos y la genética, dando como resultado una alta presión sanguínea.
La concepción de hipertensión arterial, ha favorecido el desarrollo tecnológico que mantiene el modelo médico hegemónico occidental. Donde la modernidad se manifiesta como una racionalidad instrumental. Donde lo que prevalece, es la alta tecnología diagnóstica y terapéutica.

A la hipertensión esencial no se le atribuye causa alguna. Se asume que no importa la causa, sino el hecho de haberse detectado unas medidas de la presión arterial que son factor de riesgo para los accidentes cardiovasculares. Pero la persona, por si sola, no puede eliminar dicho riesgo. Para ello, se medicará ininterrumpidamente y seguirá unas pautas de comportamiento saludables o que ayuden a evitar el aumento de tensión; de este modo la persona se ha convertido en enferma, queda estigmatizada, lo que puede llevarle a sumirse en un estado de indefensión y de miedo con la consabida perdida de control.
Es aquí donde el enfermo quiere saber, desde cuándo, cómo y por qué, quiere saberlo todo sobre la hipertensión (su dolencia). Es seguro que las respuestas le ayudarían a recuperar el control de su vida, o lo que él piensa que es el control.

Como aval a la respuesta, aporto más datos aclaratorios obtenidos del trabajo de García de Alba, y Salcedo Rocha:
“La institucionalización de la HA como enfermedad problema de salud pública… ocurrió a partir del segundo congreso de médicos de compañías de seguros, celebrado en Bruselas durante el año 1899, donde el doctor Moritz, como director de una compañía de seguros, informa que la apoplejía era uno de los principales motivos de pérdidas económicas de las principales compañías de seguros”.
“La importancia de ese impacto social, hace que para 1941 más de 9000 médicos norte americanos trabajasen para las compañías de seguros, culminado con la creación del Instituto Nacional de Corazón en los EE.UU., cuyo objetivo inicial fue estudiar en un pueblecito, Franmingham, las condiciones riesgosas para desarrollar cardiopatías sintomáticas. También a partir de Franmingham, se desarrolla el impacto social más relevante de la HA al considerarla un factor de riesgo… es el antropólogo médico Scotch en 1963, quien al asociar un fenómeno sociocultural como la migración con el estrés, visto como HA, plantea la importancia del medio sociocultural en la incidencia y prevalencia de la HA en poblaciones específicas”.

Mi convencimiento en que hay varias ciencias, y la creencia de que el conocimiento no es único, sino que se va construyendo paso a paso, día a día, con la praxis. Me lleva a concluir, en palabras de García de Alba y Salcedo Rocha que la respuesta a nuestra pregunta está en:
“La línea de raciocinio que fundamenta la prevención de la hipertensión arterial, se desprende de la evidencia aportada por las Compañías de Seguros de Vida, desde principios del siglo XX, quienes a través de amplios estudios epidemiológicos demostraron que la presión arterial elevada, reduce la esperanza de vida, por lo que se dedujo que reducir la presión arterial elevada (hipertensión) incrementa la esperanza de vida del paciente.

Clasificación de la hipertensión arterial en personas mayores de 18 años.

CATEGORÍA PRESIÓN SISTÓLICA PRESIÓN DIASTÓLICA RECOMENDACIÓN
Pre hipertensión 120-129 mm deHg 80-89 mm de Hg Promover cambios en
estilo de vida.
Hipertensión
Estadio 1 140-159 mm de Hg 90-99 mm de Hg Cambiar estilo de vida
e iniciar fármaco-terapia básica.
Hipertensión
Estadio 2 > 160 mm de Hg > 100 mm de Hg Cambiar estilo de vida
e iniciar fármaco-terapia completa.

En estas presiones sanguíneas que figuran en la tabla anterior se establecen los distintos tipos de hipertensión arterial y es desde aquí, que rigen dichas medidas en la presión arterial el ámbito medico de la hipertensión en el mundo occidental. Por tanto también podemos confirmar que la hipertensión como enfermedad tiene sus orígenes nosológicos en la economía de mercado, debido a las perdidas que tenían las Compañías de Seguros de Vida.
Es evidente por ello que la práctica supera el conocimiento y se convierte en el pilar fundamental de la ciencia. Todo avance viene, aparentemente, por ensayo y error. No hay saber cerrado, concluido. La ciencia como la vida es dinámica y nos sorprende la mayoría de las veces. No puede haber demarcaciones que limiten ni a la ciencia ni a la vida.
Pero hay muchas ciencias y han de convivir en armonía por ello, se han marcado unas reglas de juego que posibiliten la andadura. Cada uno con sus propias reglas de juego y respetando las de los demás.

El reconocimiento de que la hipertensión arterial esencial es una construcción más del hombre y de la sociedad como instrumento de control social, hacen que hoy este constructo social de enfermedad, lleve parejo una pérdida de control y autonomía personal; que hace que los individuos se sientan más vulnerables ante la sociedad que quiere el control absoluto. Por ello, es urgente dar respuestas válidas a esta sociedad occidental que parece haber perdido el norte.

En su obra “Medicina y cultura” (Perdiguero E y Comelles J. M, 2000) como alternativa de futuro al paradigma antropología y salud exponen:
“Lo que nos parece fundamental en este nuevo proceso de convergencia es un fenómeno que se está planteando como uno de los grandes desafíos del siglo XIX” y proponen la necesidad de: discutir los límites corporativos y de conocimiento edificados en el siglo XX a partir de un desaforado proceso de especialización que si bien tenía un sentido obvio en las ciencias «duras» y en la tecnología, carecía de él en las ciencias sociales o humanas".

Es el desafío que hoy toca solventar a las nuevas generaciones de científicos «puros y duros» y a los de las ciencias sociales, desde un concepto ecléctico y enfoque holístico, ya que todas las formas de sanación tienen su realidad y valores. No sería bueno dejar en el olvido creencias, costumbres y cuanto menos los adelantos científicos que mejoran nuestra calidad de vida. Y muy especialmente, todos aquellos modelos que tienen gran carga de empatía, de relaciones interpersonales y amplia vocación sistémica.

Particularmente creemos que estamos a las puertas de un cambio en el saber, la física quántica, los campos mórficos, y otros conocimientos del pasado y del futuro inmediato, traen cosas nuevas que aportar. Hoy, parece ser que los distintos campos de la ciencia se miran con muy buenos ojos y de frente, cara a cara. Esperemos que estos cambios vengan acompañados de la bioética que necesitamos en grandes dosis terapéuticas y que no sean desviados al mundo gris del mercantilismo global.

 

BIBLIOGRAFÍA.


Blumhagen, D. (1980). Hyper-tension: a folk illness with a medical name. Cult.Med.Psychiatry, (4), 197-227.
Blumhagen, D. (1982). Clinically Applied Anthropology. Dordret: D. Reídle Publishing Company.
Perdiguero, E.; y Comelles, J. M. (2000). Medicina y cultura. Barcelona: Bellaterra.

García de Alba, Javier E. y Salcedo Rocha, Ana L. Socio Antropología de la Hipertensión Arterial. En: Hipertensión Arterial en la Clínica. México: Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, [consultado el 8-03-2007], capitulo 12.2.
http://virtual.cucs.udg.mx/recursos/capitulo12.2.pdf

García de Alba, Javier E. y Salcedo Rocha, Ana L. Historia Natural de Hipertensión Arterial Primaria. En: Hipertensión Arterial en la Clínica. México: Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, [consultado el 8-03-2007], capitulo 3.
http://virtual.cucs.udg.mx/recursos/capitulo3.pdf


Autor: Apátrida.

Mayo, 2007

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Si toda materia está compuesta por átomos ¿De qué están compuestos los sentimientos?

 

 

LA FELICIDAD

SUSTRATO DE LA SOCIEDAD FUTURA

 

 

 

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PRESENTACIÓN

Si toda materia está compuesta por átomos ¿De qué están compuestos los sentimientos?
¿Cuáles son los sustratos, biológicos o psíquicos, que han dado y dan lugar a los sentimientos? Esos verdaderos artífices de la vida, que hacen de ella una virtud o una condena.

No fue ayer, cuando el hombre comenzó su búsqueda. La historia nos cuenta que ya en la Grecia clásica los filósofos, grandes pensadores de ese momento, empeñaron su tiempo e incluso algunos su propia vida, en la búsqueda de la verdad, de la justicia, del equilibrio social y emocional de los individuos. Serían muchos los adjetivos que podríamos poner a estos sentimientos, que el ser humano en busca de no se sabe muy bien qué necesidades, ha invertido e invierte gran parte de su esfuerzo mental.

Este trabajo ha nacido a consecuencia de una fortuita experiencia que caló a través de mis sentidos en lo más profundo de mi mente. Fue cuando realizaba un reportaje de televisión sobre la vida que desarrollan algunos colectivos religiosos y más en particular las órdenes religiosas que dedican sus vidas a la oración, el trabajo, la obediencia, la meditación… alejados/as del “mundanal ruido”. Sus caras de felicidad y equilibrio emocional, causaron honda impresión en mis sentimientos.

Es por ello, que esta nueva aventura y mi inquietud habitual por el conocimiento de las cosas, estén haciendo posible recuperar dosis de felicidad, que años atrás disfruté.

DESARROLLO

Acertada o equivocadamente la creencia generalizada, es que el hombre ansía la felicidad, pero ¿Qué es lo que realmente nos proporciona el sentimiento de felicidad? ¿Qué es la felicidad? ¿Es certidumbre la felicidad? Bertrand Russell, en su ensayo “Conquista de la felicidad” pone de forma acertada el dedo en la llaga con frases como: “Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre… El ser humano debería ser feliz, si bien la gran mayoría no lo es… Viven en el desierto, comen excremento y fornican una vez al año, y se ríen” Si bien estas frases, de forma aislada, no aportan suficiente claridad acerca de la felicidad, son lo suficientemente ilustrativas como exposición del trauma histórico existente entre el hombre y la felicidad.

¿No será que la felicidad es solo cosa de palabras, cuestión de diccionario? ¿O bien efímera ilusión, como se puede deducir de los pensamientos de Sócrates, Platón, Aristóteles y tantos otros filósofos como Kant con sus juicios analíticos, juicios que no han terminado de sacar la felicidad de su madriguera metafísica?

A lo largo de la historia, la felicidad ha sido un bien muy buscado por todos, pero difícil de conseguir. Han ido tomando el relevo en su búsqueda políticos y filósofos, ha habido grades revoluciones en su búsqueda, unas dialécticas como la emprendida por Marx y otras armadas como la Revolución Francesa. Todas ellas han ido aportando sus avances humanistas, sus beneficios sociales y estos acontecimientos han ocasionado un desarrollo cognitivo que no debe cesar en su empeño de búsqueda hacia una sociedad más optimista.

El impacto científico de la psicología tradicional, como rama que se “encarga” de conocer y cómo conseguir la felicidad de las personas, no ha terminado de obtener los resultados esperados. Quizá ha centrado sus esfuerzos en lo negativo y sus consecuencias, dejando en un segundo plano las emociones positivas. Y muy posiblemente este haya sido su peor error.

Es en estas últimas décadas, cuando algunos psicólogos han tomado la iniciativa de explorar otros caminos. Martín Seligman, propulsor de la psicología positiva centra sus bondades en dos rotundas afirmaciones expuestas en el párrafo anterior. Sin que por ello haya que infravalorar los innegables avances y resultados de la psicología tradicional en enfermedades como el estrés y la esquizofrenia, entre otros. Esta psicología, ha decepcionado a muchas personas ya que se esperaba algo más de ella. Pues las personas necesitamos algo más que corregir nuestras conductas erróneas. Las personas buscamos la felicidad, la homeostasis, ese equilibrio emocional y fisiológico que todos los seres humanos buscamos, incluso de forma inconsciente. En definitiva, la libertad.

¿Es la felicidad el único camino donde confluyen los rectos senderos de la vida? El altruismo, el cooperativismo, el respeto a la naturaleza, la filantropía… ¿O deja hueco en ella para el egoísmo, la falsedad, la mentira y tantas otras aptitudes de actual vigencia en nuestra sociedad occidental?

Algunos pasos se han dado. Es a partir de los años setenta cuando en España se comienzan a reactivar inquietudes de bienestar social que habían estado por unas décadas en estado de reposo involuntario. Comienzan a ganar vida los sentimientos de amor, la sexualidad como relaciones íntimas de afecto. Y no sólo de procreación. A la vez que se iban estableciendo áreas de influencia sociales íntimamente relacionadas con la salud mental, sin duda alguna, se estaban creando nuevas áreas de estudio.

Las conquistas sociales de estos años aportan todo tipo de beneficios, materiales, culturales, en la medicina, educación… ¿Sí? ¿Estamos seguros de que esto sea así? Algunos piensan que no es así. Entre ellos Martín Seligman, y dice que: “No es bueno hacer a las personas más ricas, si no se las hace más felices” Y es aquí, donde esta nueva corriente de la psicología positiva toma a la felicidad, como piedra angular de su estudio.

En una sociedad tan compleja como la nuestra, muchos son los “preocupados” en dirigir nuestras vidas e intereses, “incluida nuestra felicidad”. Pero es a nosotros, a quien toca conocer, desarrollar y convertir nuestras propias creencias en realidades que nos aporten felicidad.

Mihaly Csikszentmihalyi, con su teoría del “fluir” o “experiencia óptima”, hace otra gran aportación a esta nueva corriente psicológica. “Tener el control en la vida no resulta nada fácil, y en la mayoría de las veces puede resultar hasta doloroso” Son palabras de Mihaly, pero son hechos que a poco que hayamos buceado en la vida, no tenemos más remedio que dar credibilidad a sus palabras. Son muchos los ejemplos que vienen a mi cabeza, tanto propios, como ajenos.

Cuanto mayor es el esfuerzo para conseguir un objetivo, mayor es la recompensa emocional que obtenemos. Es aquí donde radica la teoría de fluir, en el concepto del flujo, entendido como el estado en el que las personas nos involucramos para hacer conseguir nuestros sueños con la realidad, sin importarnos los obstáculos que haya que superar ni el tiempo que tengamos que invertir en ello. Esta experiencia es tan placentera y absorbente, que casi nada impedirá su meta. Pues en ella, va implícita nuestra felicidad. Quizá sea esto la felicidad, ese tiempo que invertimos en andar el camino que va desde los sueños a la realidad.

Los recientes estudios sobre la felicidad, la dotan de rasgos tales como aceptación personal, autoestima, optimismo, control sobre nuestros instintos, extroversión, vida social satisfactoria, implicación en actividades significativas, en definitiva tener la mayor parte del tiempo ocupado en actividades que sean de nuestro agrado y a la vez, nosotros las consideremos de utilidad.

Si estas son realmente las claves de la felicidad ¿Quién puede acceder a ella? No parece sencillo que la calidad de vida que genera nuestra sociedad occidental, pueda hacernos felices. Pero podemos observar y deberíamos fijar más nuestra atención en los diversos colectivos que a pesar de vivir dentro de ella, parecen gozar de mejor calidad de vida. ¿Dónde radican las diferencias?

CONCLUSION

Rebuscar los sustratos que puedan asentar las raíces de una nueva y muy posible sociedad, debe ser el arduo trabajo de esta nueva corriente psicológica. Que su Dios, no sea un juez justiciero que sólo otorga felicidad a los que se subyugan a sus mandatos, o a los que se amparan bajo su techo.

El papel del psicólogo en la actualidad, es la búsqueda de nuevas hipótesis y la contrastación de teorías que avalen científicamente la felicidad del mayor número posible de personas. Teorías donde las libertades, el compromiso personal, el equilibrio social, etc. den lugar a una sociedad tal, que el establecimiento de la felicidad por habitual y común, pasará desapercibida.

No serán posibles los grandes cambios en el rumbo de la humanidad hasta que en los hombres, no se produzca un cambio en su mentalidad. Estos cambios en la mentalidad no serán posibles hasta conseguir el domino sobre la conciencia.

Son muchas las pulgas que desestabilizan nuestra felicidad, unas culturales y otras heredadas. Pero si realmente queremos encarar nuevos retos para una sociedad nueva, con un futuro más esperanzador, debemos poner nuestra mente en positivo y comenzar una nueva andadura.

Reorientemos nuestros objetivos hacia un medio natural, tomemos el ejemplo de la naturaleza, de los animales que en la mayoría de las veces tienen conductas más racionales que algunos humanos.

Es nuestro orgullo cultural y de especie el que nos hace creernos los reyes de la creación. Cuantas veces nos sorprendemos actuando de forma equivocada, influenciados y obligados por unas normas injustas que nos impone nuestra sociedad. Cumplamos las leyes universales, esas que no es necesario que nadie nos dicte, pues todas ellas están impresas en nuestro código genético.

Debemos dar el paso, dejar atrás a Aristóteles y tantos otros que si bien es cierto aportaron gran parte de los conocimientos en los que hoy basamos nuestra cultura, también es cierto que poco nos han hecho avanzar. Demos un paso más allá de la teoría, como decía Eduardo Punset en la conferencia de cierre del III congreso de estudiantes de psicología de la U.M.H. “Más del noventa por ciento del conocimiento científico es falso” Yo digo para ser más generoso, que es falso o inexacto.

Es el momento de dejar el miedo a un lado, y encarar una nueva sociedad con la espada en la mano, sin apoyos celestiales, sin escudos ni parapetos, sin religiones, sin supersticiones.

Debemos ser conscientes del gran esfuerzo que hemos de realizar, nada se consigue sin esfuerzo, nadie va a luchar por nosotros de forma desinteresada, es a nosotros, como seres individuales, a los únicos que debe importar nuestra felicidad, y por tanto es nuestro esfuerzo personal el que nos proporcionará nuestra felicidad, nunca el esfuerzo de los demás. Ya que si esto se consigue de forma individual, por mimetismo y como parte que somos del todo global, nuestra felicidad redundará en nuestro prójimo.

Retomando las palabras de Eduardo Punset, y sus paradójicos recelos ante la ciencia, decía que las emociones no solo son necesarias en los proyectos de investigación científica, si no, que no serian posibles sin tener en cuenta las emociones.
Loada sea la razón, por fin llega la aprobación del mundo científico al conocimiento como tal, sin etiquetas. El conocimiento, científico o no, es conocimiento. El mundo científico, en palabras de Eduardo Punset, reconoce estas afirmaciones

Es a la naturaleza a quien hay que preguntar sobre todo, es nuestra madre, y ella será la que nos indique el camino más adecuado a seguir. Pero es a nosotros a los que nos toca discernir, contrastar y no a dioses ni salvadores. Somos fruto de la naturaleza, somos entes maduros con autonomía propia y somos nosotros individualmente los que debemos conducirnos por estos caminos angostos que nosotros hemos decidido transitar.

Son varias las herramientas que esta nueva corriente psicológica del positivismo esta poniendo al alcance de nuestras necesidades, uno la llama tecnoesfera (capacidad de imaginar y producir pensamientos positivos), otros optimismo, experiencia optima, imaginación, oración mental, meditación, que más da. Otros en cambio dicen que es el trabajo el que realmente hace feliz al hombre, el estar siempre ocupado, sobre todo si el que lo dice es empresario, claro. ¿En qué quedamos, no es el exceso de trabajo lo que produce distrés, agresividad, depresión, angustia vital, infelicidad en definitiva?

Por tanto lo mejor será escuchar a todo el mundo, pero sólo escoger aquello que nosotros hayamos racionalizado como positivo y tengamos la plena seguridad de que aportará felicidad para nosotros y los demás, venga de donde venga. Para ello se hace necesario tener la capacidad de control sobre uno mismo y sobre su entorno. Sobre uno mismo porque hay que tener claro en qué consiste la felicidad y cómo se consigue.

El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de la consecución de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés.

Autor: Apátrida

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UNA VISIÓN DE LA EUTANASIA

Definición

Como otras muchas palabras de nuestro vocabulario, la palabra eutanasia debe sus raíces al Griego, así: el término griego “eu” significa (bien, en todos los sentidos de la vida) y el término “thánatos” tiene como significado (muerte). Son estos dos términos griegos los que dan significado a la palabra española eutanasia, (buena muerte). Este término, que hoy ha evolucionado, y que cada estamento, organización o individuo en particular, da un significado u otro según el interés o prebenda que obtenga del tan lucrativo invento de la vida y la muerte.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la eutanasia queda definida por “la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) eutanasia es: “la acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”.
Según la Iglesia Católica… No me atrevería a plasmar en este trabajo los apelativos con los que califican la eutanasia. Pero como son sus apelativos publicados a los cuatro vientos aquí cito uno de los más suaves, publicado en el periódico El Mundo el día 3 de Diciembre de 2000. “La Iglesia no está dispuesta a bendecir el crimen de la eutanasia. Ni siquiera indirectamente. De ahí que los obispos de Holanda, el país que acaba de aprobarla, hayan prohibido a sus curas administrar la extremaunción a los enfermos que soliciten la muerte dulce. En palabras textuales del presidente de la Conferencia episcopal holandesa, Adrian Simonis: «que no se pida, encima, a la iglesia bendecir sacramentalmente un acto suicida»”. A falta de conocimientos científicos y humanamente comprensibles, razonables y solidarios, ellos arrancan por la calle de en medio con definiciones ambiguas y dispares que, la mayoría de las veces, entran en total disonancia con los Evangelios que ellos argumentan como bandera de su cristiandad.
Jesús Mosterín en su obra “La Naturaleza Humana” página 361. Al referirse a la actitud de la Iglesia Católica ante la eutanasia dice” No hay argumentos, ni siquiera bíblicos para defender la postura eclesiástica”.

Para la Asociación Española “Derecho a Morir Dignamente” es: “Acción u omisión destinada a provocar la muerte de un enfermo, debidamente informado de su estado y pronostico, a petición libre y voluntaria de éste, y con el fin de evitarle sufrimientos que le resulten insoportables”.

Para Ramón Sampedro la eutanasia es, en palabras suyas, algo tan sencillo como él lo describe: “dejadme cruzar la línea, dejadme saltar”. Hay otras aseveraciones acerca de la eutanasia de este luchador incesante que dejan sin argumentos a cualquier persona con un mínimo de sentimientos y sentido común. Como ejemplo, una más “¡Sólo a una garrapata se le ocurriría decir que el deber de su perro es sufrir!
Sirvan como muestras estas definiciones antes de entrar en materia.

Historia.

La eutanasia tiene una historia tan dilatada como los seres humanos sobre la tierra, es cuando esta especie animal, llamados humanos, adquirimos la conciencia de la muerte cuando se tiene la necesidad de un buen morir.
En la Grecia Antigua, no tenía ningún sentido la vida si estaba acompañada de taras físicas que privasen al individuo de los placeres y/u obligaciones propias de la vida y estatus en el que le había tocado nacer. Sirva de ejemplo, la costumbre espartana de despeñar a los infantes con defectos físicos ya que estos serían presa fácil para el enemigo y no eran válidos para la guerra.
Sólo el padre de la medicina (Hipócrates), hace ciertas restricciones a sus discípulos en la aplicación de la eutanasia y suicidio, su Juramento Hipocrático, en uno de sus apartados dice así:”A nadie daré una droga mortal, aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto…”.
En la Roma clásica la eutanasia también gozaba de cierta permisividad hasta que Constantino se convierte al cristianismo en el Concilio de Nicea, siendo Papa Silvestre I, y nombra el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano. Con este hecho intentan solucionar los graves problemas que atravesaban el Imperio Romano y la Iglesia Romana.
Es en la Edad Media cuando se producen grandes cambios ante la vida y la muerte. El poder adquirido por la Iglesia Romana y el miedo a sus verdugos (santa inquisición), hacen cambiar conceptos tan importantes en la vida cultural y social del mundo “civilizado”, que hasta los grandes pensadores y filósofos, se ven abocados a claudicar ante esta creciente organización político-religiosa.
El poder religioso era el intermediario entre Dios y los hombres y sólo ellos tenían las llaves de la vida y la muerte. A nadie pertenece su vida, sino a Dios, que es el sumo creador de todas las cosas, y a ellos, que son sus representantes aquí en la tierra.
La Edad Moderna rompe con el oscurantismo medieval dando cabida a otros pensamientos y corrientes filosóficas. La ciencia, la medicina y las nuevas teorías emergentes dan un soplo de aire fresco a la humanidad.
Son dos las figuras históricas que aluden explícitamente a la eutanasia Tomás Moro en su obra “Utopía”, segundo libro de “Utopía” en la página 34 se puede leer:”Algunas características que se dan en Utopía son totalmente revolucionarias…Así la práctica de la eutanasia, ya que en Utopía, cuando alguien se encuentra muy enfermo o herido de gravedad, y sin posibilidad de curación, el filarco, a fin de abreviar sus inútiles sufrimientos le exhorta a beber una poción que terminará con su vida”. Francis Bacon (político y filósofo Ingles que reorganizó el método científico) y considerado padre del empirismo, aportando nuevas ideas a la ciencia y apostó por una muerte agradable y sin dolor ante la imposibilidad de lucha contra determinados tipos de enfermedad.
A finales del Siglo XIX y principios del XX, con las nuevas ideas darwinistas de la evolución se discute el tema, de la eutanasia y la eugenesia, es más, se comienza a constituir sociedades de debate formadas por personas cualificadas, como médicos, teólogos, filósofos, etc. En defensa de la legalización de la eutanasia activa.
No obstante la eutanasia en la historia reciente ha sido sacada de su contexto, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial por parte de los nazis. Se aprovechó la recesión económica y las necesidades prebélicas de la Alemania Nazi, para consumar auténticos genocidios contra los disminuidos físicos y psíquicos y los desvalidos sociales. Como consecuencia de estos desmanes, en los Juicios de Nuremberg se declaró y juzgó como ilegal e inmoral toda forma de eutanasia activa que no tuviese el consentimiento explícito del individuo.
En la actualidad, son muchas y muy variadas las opiniones acerca de la eutanasia. Casi tantas, como grupos, religiosos, políticos, profesionales de la salud, e industrias afines a la medicina. Así como grupos industriales relacionados con el negocio sobre la vida y la muerte que hay en las distintas culturas del planeta.
Estos son los hitos que a lo largo de la historia han ido configurando un guión, más o menos acertado y público, que enmarcan la eutanasia dentro de los límites de la racionalidad científica. Pero también son muchos los escritos, creencias y conocimientos de transmisión oral que dan pruebas inequívocas de la figura que ayudaba a bien morir dentro de la tribu. Sirva como ejemplo el “despenador” en América del Sur, el hechicero en las tribus africanas, etc.

Tipos de eutanasia

Dependiendo de las filosofías y/o creencias acerca de la vida y la muerte se dan distintas divisiones o tipos de eutanasia, pero no dejan de ser divisiones o diferencias semánticas sobre el mismo hecho. En este trabajo me centraré para su división en el acuerdo del Comité Científico de la Sociedad Internacional de Bioética: “Solo existe un tipo de eutanasia y consiste en una intervención activa y directa para provocar a un enfermo, generalmente con grandes sufrimientos y en fase terminal, la muerte que pide libre, reiterada y razonablemente. Este comité no considera eutanasia las erróneamente denominadas:
Eutanasia activa indirecta, que consiste en administrar a un paciente terminal un tratamiento contra el dolor insufrible aun a costa de adelantarle la muerte.
Eutanasia pasiva, mediante la cual se deja de aplicar al enfermo un tratamiento artificial e innecesario que podría conducir al encarnizamiento”.
Este comité, considera estos métodos como alternativas diferentes de la atención médica a los pacientes en fases terminales de su vida.
No obstante, dado a la gran carga de información en todos los medios de comunicación y a niveles de discusión se habla de tres tipos de eutanasia:
Eutanasia activa, consistente en la aplicación de una inyección o fármaco letal, por el médico, que produce la muerte al enfermo terminal de forma controlada.
Eutanasia pasiva, consistente en la no prolongación de asistencia farmacológica o de medios mecánicos que prolongan la vida de forma artificial.
Suicidio asistido, consistente en que el médico o una mano amiga proporciona los medios necesarios para que el enfermo se quite la vida.
Frente a estos tipos de eutanasia también existe otro posicionamiento, de cierto sector de la clase médica, en el que se defiende la vida a toda consta con ensañamiento terapéutico, aun sin tener en cuenta la cantidad de sufrimiento añadido que se infringe a los pacientes y familiares, rayando la mayoría de las veces, el desprecio a la dignidad humana. A este concepto se le conoce como Distanasia.

Perspectivas

La situación actual sobre la eutanasia se encuentra en un momento delicado, dado las distintas sensibilidades de los estamentos que conforman la sociedad, y las distintas personalidades individuales del grupo humano que las conforman. Para ello, intentaré exponer los posicionamientos que aportan consenso o discrepancia al conflicto social de la eutanasia.
“La vida es un estado excepcional de desequilibrio termodinámico, de separación de la corriente principal de la realidad. La muerte es la vuelta al equilibrio, a la normalidad… La muerte es la pérdida de la individualidad y el retorno a los flujos universales de la materia y la energía, la fusión con el entorno y con el resto del Universo” Son palabras de Jesús Mosterín, Profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Universidad Complutense de Barcelona. En su reciente obra “La Naturaleza Humana” (2006) página 349, con frases como estas da introducción al apartado sobre la eutanasia, como opción válida entre la vida y la muerte, que desarrolla en su obra como un conflicto psicológico al que todo ser humano debe enfrentarse antes o después.
Dentro de este apartado científico intentaré plasmar los posicionamientos del ámbito psicológico y médico.

Desde la Medicina hay dos posicionamientos claros y diferenciados:
Uno que apuesta claramente por la eutanasia. Entiende que su deber es mantener la vida en base a su Juramento Hipocrático, pero entiende que muchas veces la eutanasia puede incluso llegar a ser un acto de humanismo, incluso de amor. Ya que, dejar sufrir a un ser humano con la certeza que no hay ninguna solución a su problema de salud física o psíquica, sería inhumano y cruel. En estos términos, más o menos, se expresó Jordi Sans, oncólogo que ha tratado diversos casos de enfermos en fase terminal. Este es el sentimiento de una de las partes del colectivo médico.
La otra parte, tiene un posicionamiento conservador en el cual se defiende lo que se ha dado en llamar la Distanasia, explicada en el capítulo anterior.
Dentro del campo de la Medicina, hay quien alude al hecho de la propia impotencia que se tiene desde la ciencia para dar soluciones válidas en estas fases terminales de sufrimiento extremo; y en su defecto, apuestan en proporcionarles una calidad de muerte ya que no se les puede proporcionar calidad de vida.

La Psicología no puede quedar al margen del conflicto social de la eutanasia, por el momento no ha tomado un posicionamiento claro y contundente ante la situación actual que según parece a todos desborda. Su labor está consistiendo en afrontar el problema desde una óptica informativa a los pacientes y familiares que lo demandan.
La labor que hoy está realizando la psicología en la eutanasia es la evaluación psicológica de los enfermos terminales que la solicitan y la aplicación de técnicas de afrontamiento a los pacientes terminales por un lado, y a los familiares por otro. A los pacientes, una vez evaluados, se les enseñan técnicas objetivas de afrontamiento para paliar los padecimientos físicos y psíquicos a los que se está enfrentando. A los familiares, de igual forma, se les enseñan técnicas de afrontamiento frente a la muerte y el proceso de duelo, para paliar en lo posible los daños psicológicos que ocasiona la perdida de un ser querido. En muchos casos la asistencia psicológica lleva implícito consejos o aclaraciones específicas, puramente cognitivas, en relación al hecho en sí mismo de la eutanasia, independientemente de las emociones que implica la muerte de un ser querido.
Por otra parte, dentro del ámbito de la psicología se observa otro tipo de actitud, que encara el fenómeno de la eutanasia de forma global, planteándola como un conflicto social aún sin resolver.
No hay estudios de investigación, al menos que se conozcan, ya que son pocos los países en los que está legalizada, y por razones obvias sólo se cuenta con los escasos estudios que se han podido realizar a vuela pluma con las personas que han dado un paso al frente, enfrentándose a la sociedad y a la justicia, transmitiendo sus estados anímicos y psicológicos por los que transcurren en sus fases terminales, como el de Ramón Sampedro.
Sería de vital importancia que se comenzara, si es que no se está haciendo ya, un amplio estudio desde la Psicología Social, donde se concentraran los principales problemas de este conflicto bioético que la humanidad viene arrastrando desde tiempos ancestrales.
La psicología en la actualidad, dado su amplio y ecléctico currículum, puede y debe abordar el reto social que plantea la eutanasia. En la Psicología se dan hoy las circunstancias necesarias para ser el crisol que aglutine las distintas áreas de conocimiento filosófico y científico para dar los pasos válidos en la disolución del conflicto. Tenemos herramientas de analisis y estudio suficientes, como para evaluar las distintas variables que confluyen en este problema bioetico.
Es hora ya que la psicología, despues de siglo y pico de andadura como metodología cientifica, de muestras válidas de sus conocimientos ogjetivos y se la pueda tomar en serio de una vez por todas.

En la actualidad, los poderes políticos, que en definitiva son los encargados de aprobar la ley de la eutanasia parecen hacer oídos sordos a este conflicto social, sólo demuestran sensibilidad en el problema haciendo vanas promesas en épocas electorales.
Son pocos los países europeos y del resto del mundo que tienen los deberes hechos ante la eutanasia. La mayoría, parece esperar tiempos mejores, o bien, que la ciudadanía les marque el camino a seguir, para ellos legislar ante hechos consumados.

Dentro del mundo del Derecho y la legislación de leyes, la eutanasia es una de las cuestiones más candentes y controvertidas del momento. Las reivindicaciones de la legislación de la eutanasia conforman un grave problema ético y moral en la sociedad.
Por una parte, se enfrentan ante la libertad de cada individuo para decidir sobre la prolongación o no de la vida, en condiciones degradantes y de poca o nula calidad de vida. Por otra parte, está la soberanía popular, representada en el poder político y legislativo, que con el paso del tiempo, cada vez más se ha ido convirtiendo en un conglomerado heterogéneo de grupos sociales, con intereses particulares y de muy diversas creencias, que a su vez, atienden a distintos intereses económicos.
Llegados a este punto y considerando al Derecho como legítimo, para dictar las leyes consensuadas, o aprobadas por mayoría, en los países democráticos, como es el caso de España, sólo es cuestión de tiempo y/o maduración social. Ya que la ética y la moral, son los caminos que marcan el horizonte de los pueblos civilizados.
La Iglesia Católica, acertada o equivocadamente, tiene una postura definida. Su posicionamiento es claro y contundente, dice no a ningún tipo de eutanasia por considerarla un atentado contra la vida de los seres humanos. Ellos, argumentan que la vida es cosa sagrada, viene de Dios y sólo a Él corresponde darla o arrebatarla. Es su postura, y todos los pertenecientes a la Iglesia Católica en España, saben cual es, y a que se enfrentan con sus decisiones personales, que como toda opinión y/o creencia debe ser respetada. Hay corrientes dentro del cristianismo que aceptan la doctrina del doble efecto, consistente en rechazar la medicación que puede prolongar la vida y aceptar otros que aceleren la muerte.
Esta postura de la Iglesia Católica en España es similar a la de la mayoría de las religiones del mundo, salvo algunas excepciones como la Budista que puntualiza acerca de la creencia en las reencarnaciones, si la muerte es un hecho en sÍ mismo, o sólo un tránsito entre vidas, que conformarían una vida eterna. Para ellos no es lo mismo desear la muerte ante la imposibilidad física de poder aprender las lecciones pendientes en esta reencarnación, que desearla sólo por evitar el dolor que, según ellos, purifica el cuerpo. Cuestiones kármicas tan respetables como las de cualquier otra creencia o religión. Pero todas ellas, deberían ser tan respetuosas con los que ven en la eutanasia la liberación de una pesada carga, como estos lo son con sus creencias y/o supersticiones.

El mundo del arte y la cultura también ha hecho aportaciones en favor de esta cruzada social en la que están enfrentadas la vida y la muerte. Son varias las novelas y largometrajes cinematográficos, en los que se ha llevado hasta nuestras conciencias, un problema tan delicado como la decisión personal sobre la vida o la muerte. La ternura que se transmite en la película de Alejandro Amenábar, “Mar Adentro”, la sagaz crítica a la medicina, la industria farmacéutica, la religión, y el canto a la amistad, la libertad y al amor en la película “Las Invasiones Bárbaras” de Denys Arcand. Son claro ejemplo de la postura clarificadora del mundo artístico y cultural ante la eutanasia.

Para terminar este capítulo quedaría la perspectiva de la Sociología ¿Qué es sociología si no todo lo anteriormente expuesto? La sociología no iba a ser menos que cualquier otra ciencia. Su posicionamiento tampoco está claro, dado la confrontación de pensamientos.
Unos plantean que la aprobación de la eutanasia es un paso firme en la evolución psíquica y social de los seres humanos. Por el otro lado, hay sociólogos que aseguran que con la aprobación de la eutanasia, se daría el primer paso para la degeneración de los seres humanos. Es evidente que todo acontecimiento en una sociedad sea la que fuere, siempre habrá opiniones discrepantes.

Países pioneros

La Ley de Eutanasia fue despenalizada en Holanda en el año 1993, tras varios años de sentencias judiciales aprobatorias a favor de las peticiones de eutanasia. Uno de los casos que facilitó la despenalización fue el de la Dra. Geertruda Postma, que por piedad, puso fin a la vida de su madre con una inyección letal. Este caso no sólo era impactante por tratarse de una relación madre-hija, sino que el punto más crítico se centraba en la circunstancia de que la madre no tenía un sufrimiento físico insoportable, sólo era un sufrimiento psicológico. Por ello, la Dra. Postma fue sentenciada como culpable, pero su condena abrió la puerta a la despenalización de la eutanasia.
La reciente ley de Eutanasia holandesa introduce el concepto del "Debido Cuidado" como eje fundamental en la práctica legal de la eutanasia y/o del suicidio asistido*. En estos años de tolerancia, para que los médicos que practicasen la eutanasia no fuesen castigados por la ley, era necesario que se cumpliesen cuatro condiciones:
1º Que el paciente debía ser un adulto competente, es decir que fuese capaz de de comprender, juzgar y decidir las consecuencias que se derivan de ella.
2º Que el paciente debía solicitar la eutanasia voluntariamente repetidamente y aportando argumentos lógicos a lo largo de un periodo razonable de tiempo, y dicha solicitud bien documentada.
3º El paciente debía padecer un sufrimiento intolerable, sin perspectivas de alivio, aunque la enfermedad no era preciso que fuera terminal, y por último un cuarto punto, que consistía en que el médico debía consultar con otro médico no involucrado en el caso.


El cumplimiento de estos cánones era factor indispensable para no violar el debido cuidado que los médicos deben tener al momento de practicar la eutanasia. El problema más grave de la legislación en Holanda en esos momentos era la falta de garantías jurídicas previas a la aplicación de la eutanasia, ya que cualquier médico podía ejecutarla primero, y después demostrar ante un comité ético que ha respetado la ley.
Finalmente desde el 28 de Noviembre del año 2000 el Parlamento Holandés ha legalizado por amplia mayoría, tanto la eutanasia activa como el suicidio asistido*.

En Bélgica también está aprobada la despenalización de la eutanasia. La normativa es similar a la holandesa, en cuanto a los requisitos y al control del procedimiento legal, pero va acompañada de otra ley sobre cuidados paliativos a enfermos terminales que plantea una alternativa a la eutanasia.
Esta ley autoriza la intervención médica para poner fin a la vida de pacientes en situaciones excepcionales de sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable, siempre que se haya expresado de forma voluntaria y reiterada, sin presión exterior, por escrito, o ante la presencia de un testigo. Dos médicos deben certificar que se cumplen estas condiciones.

En Australia, el Territorio del Norte, aprobó en 1995 el Acta de Derechos de los Enfermos Terminales, que legalizaba la eutanasia, pero que fue revocada el 23 de marzo de 1997. Esta decisión se tomó tras una controvertida votación en conciencia en la Cámara Regional que se ganó por 38 votos a 34.

La Corte Constitucional de Colombia autorizó en 1997 la eutanasia voluntaria para pacientes terminales que la pidieran. El Congreso puede regular los términos en los que se aplica esta ley, pero no oponerse a ella.

La medida, adoptada en Oregón, EEUU el 26 de febrero de 1998, aprobaba la despenalización del suicidio asistido*. Para tener opción a él, se necesita ser un enfermo terminal, y que dos médicos certifiquen que el paciente no le queda más que seis meses de vida, y el mismo enfermo, tiene que presentar una petición escrita para obtener la dosis letal.
Sin embargo, nada más conocerse el resultado, un juez bloqueó esta práctica, definiéndola anticonstitucional.
Se volvió a celebrar un segundo referéndum, que volvió a dar la victoria a la despenalización del suicidio asistido*. De este modo, Oregón se convirtió en el primer país de los Estados Unidos de América en despenalizar el suicidio asistido*.

A diferencia de estos países, donde sólo los médicos pueden ayudar a morir a los enfermos terminales, Suiza permite a personas ajenas a la medicina asistir en el suicidio de esos enfermos, siempre y cuando esa ayuda se realice por motivos altruistas. Con lo cual el debate sigue abierto.

* (Suicidio asistido) el Comité Científico de la Sociedad Internacional de Bioética, no reconoce el suicidio asistido como eutanasia, ya que para considerarlo eutanasia ha de ser la administración de un fármaco letal y que sea administrado por un médico. Con esta medida, se quiere evitar los sufrimientos añadidos en los momentos de la muerte, debidos al desconocimiento o la mala administración del fármaco, que en la mayoría de las veces, producen en el paciente comas regresivos, espasmos, vómitos y sufrimientos innecesarios.

La eutanasia en España

En España la situación actual sobre la despenalización de la eutanasia está aparcada desde la propuesta hecha por Izquierda Unida y el Grupo Mixto en febrero de 1998, que fue rechazada. No obstante se creó una comisión especial sobre el tema en el Senado, que concluyó sus trabajos el 18 de enero del 2000, coincidiendo con la disolución de las Cortes para las elecciones generales del mismo año.
No obstante, la situación de clandestinidad en la aplicación de la eutanasia activa o en el suicidio asistido, es similar a la de otros países del resto del mundo. Son múltiples los casos de eutanasia pasiva y suicidio asistido que se producen en todos los hospitales y todos los días del año, y que la justicia quiere ignorar, bastante menos frecuentes son los casos de eutanasia activa. En la actualidad hay dos peticiones que han saltado a la opinión pública con petición de eutanasia activa, uno en Andalucía y otro en Cataluña.

En España está la Asociación “Derecho a Morir Dignamente”, cuyo principal objetivo es el de defender el respeto a la voluntad expresa y libre de toda persona en la fase final de su vida, a recibir una asistencia médica y psicosocial adecuada a su situación (cuidados paliativos), respetando su voluntad de morir con ayuda médica (suicidio asistido y eutanasia activa) cuando a pesar de las medidas paliativas padece un sufrimiento insoportable.

Circunstancias que han permitido plantear el problema de la eutanasia

La incesante petición de enfermos terminales con dolores insufribles y la poca o nula calidad de vida que acompaña a estos procesos, más los daños psicológicos que devienen al paciente y a su entorno, son circunstancias más que sobradas para tomarnos en serio el problema. Si a estos problemas ya mencionados, se le añade, que nunca falta una mano dispuesta o “Doctor Muerte” para asistir en la muerte deseada. La necesidad de poner soluciones, es más que evidente.

Razones por las que los pacientes solicitan la eutanasia


No son muchos los estudios realizados al respecto, pero si nos basamos en los datos que se obtuvieron en una investigación llevada a cabo en el estado de Oregón, como poco, nos permite barajar datos muy aproximados de cuales son las razones y porcentajes de la petición de eutanasia.
Principalmente son razones de índole psicológica, en contra de lo que la mayoría de las personas cree.
Esta tabla ayudará a reconocer las razones, porcentajes y su génesis.

 

Orden
Razón
Génesis
Porcentaje
1
Pérdida de independencia
Psicológica
57
2
Pobre calidad de vida
Psicológica
55
3
Estar preparado para morir
Psicológica
54
4
Desear controlar el proceso de morir
Psicológica
53
5
No encontrar sentido a la continuidad de la existencia
Psicológica
47
6
Dolor físico
Física
43
7
Pérdida de dignidad
Psicológica
42
8
Verse a sí mismo como una carga
Psicológica
38
9
Fatiga
Física
31
10
Incapacidad para cuidar de sí mismo
Psicológica
31
11
Incapacidad para practicar actividades placenteras
Psicológica
43

En este estudio realizado en el estado de Oregón en los años 1998 y 1999. Únicamente aparecen los argumentos en los que coincidieron, como mínimo, un 33% de solicitantes.

Si analizamos fríamente estos datos del estudio de Oregón, se podría deducir que los/as peticionarios/as de la eutanasia, en su gran mayoría no lo hacen por cuestiones de dolor físico. Más bien la cuestión estaría en los padecimientos psíquicos que produce la perdida de independencia e intimidad de las personas. Esto nos hace plantearnos serias preguntas. ¿Se debería trabajar más y mejor acerca de los cuidados paliativos y/o emocionales? ¿Seguiría habiendo el mismo número de peticiones, si la asistencia y/o los cuidados emocional fuesen de mejor calidad?...

Consecuencias de la práctica de la eutanasia

Las consecuencias que tiene la práctica de la eutanasia las podemos dividir en dos básicamente, legales y morales o éticas. Si bien es cierto que en las dos hay implícito un denominador común, el miedo a lo desconocido.
En cuanto a las legales o legislativas, nos podríamos encontrar con abusos en la normativa y la incesante petición de más y más supuestos que permitan la eutanasia. Cabría la posibilidad, de abrir una puerta que posiblemente daría entrada a la degeneración de las estructuras del Derecho ya establecidas.
En cuanto a las morales o éticas, se podría producir un colapso emocional en determinados grupos sociales que abocarían a la desestabilización bioética de la sociedad actual. Dando lugar a una presión insostenible, para aquellos que quieren seguir viviendo, a pesar de saber que es una carga para sus familiares. Son muchos los interrogantes que surgirían en la sociedad. No obstante, la sociedad tiene el compromiso de evolucionar, dicho de otro modo, la humanidad está comprometida con el crecimiento psíquico y físico, y es aquí donde los seres humanos deben afrontar los retos que la vida les propone.
Cuanto antes afrontemos los retos, primero de forma individual, y a continuación de forma colectiva, antes daremos el paso siguiente ¿Pero cómo sabemos quien está preparado y quien no psicológicamente? ¿Quién tiene clara la petición de acabar con su vida? Estas son algunas de las cuestiones que frenan la legalización o no de la eutanasia. Así como la presión que esta ley ejercería sobre la autonomía de cada individuo.
La tarea evolutiva de los seres humanos no es fácil ni difícil, es nuestro compromiso de supervivencia y conservación de la especie, y cuanto antes nos adaptemos a los retos que el medio nos propone, mejor será nuestra calidad de vida. Antes o después tendremos que encararnos con la muerte.

Conclusiones

Son muchas las cuestiones que han quedado en el tintero, y también son muchas las preguntas que surgen de un tema como la eutanasia. Es por ello, que las conclusiones al respecto, de alguna forma han ido quedando de forma inconsciente expuestas a lo largo del trabajo. Pero no voy a dejar pasar la oportunidad de terminar este trabajo con una serie de preguntas que todos deberíamos hacernos. Máxime, estando por vocación, nuestro futuro más inmediato, irremisiblemente abocados a enfrentarnos de lleno con este problema social.

¿Cuál debería ser el papel a interpretar desde el ámbito de la psicología?
¿Deberíamos intervenir en la redacción de las leyes que afectan a los seres humanos,
ya que son nuestro campo de trabajo?

¿Es sólo a nosotros, como profesionales de la salud, a los que nos toca asumir el papel de
afrontamiento ante dicho reto social? Está claro que no.


¿Con quién deberíamos compartirlo? Es claro que se debería abarcar desde una concepción ecléctica, donde han de tener espacio todas las disciplinas que intervienen y conforman la sociedad. Este grupo multidisciplinar debería estar compuesto por legisladores, médicos, psicólogos, filósofos, sociólogos, teólogos… y una representación de afectados, donde la psicología fuese el crisol que aglutinara todas las partes implicadas en el conflicto. Creo que sólo así se daría una solución duradera y válida, que zanjaría el tema por un largo espacio de tiempo, al menos, hasta que los avances científicos y sociales encuentren otra solución más viable y “humanista” al problema.

Mucho me temo que esto no será así, y no es cuestión de pesimismo u optimismo, es más bien realismo, no es la lógica y la razón lo que en la actualidad impera en nuestras sociedades occidentales. Más bien, son los intereses económicos, las verdaderas motivaciones que nos hacen tomar una u otra posición ante los problemas sociales en occidente. La habilidad para el engaño y crear confusión en la sociedad permite enmascarar todo tipo de cuestiones tanto metafísicas como biológicas, para así, tener siempre el poder en las manos. ¿Cuál sería si no, el significado de que los presupuestos de educación en la mayoría de los países, sea cada vez menor, incluso en los que más alardean de demócratas? No, no somos honestos con nosotros mismos, somos verdaderos especialistas en ocultar lo que no conviene a nuestros intereses. Nos estamos cargando todos los rituales y símbolos culturales, que de forma natural y ecológica, nos iban preparando para los acontecimientos venideros de la vida. Hoy, ocultamos todo aquello que no es bello, pero claro ¿Dónde están escritos los cánones de la belleza? ¿Quién marca esos cánones? ¿Por qué nos empeñamos en esconder y deshumanizar la muerte?
La muerte es un proceso natural, y si no somos capaces de controlarla, que no lo somos, cuanto antes deberíamos asumirla como lo que en la realidad es. Por otra parte, los profesionales de la salud deberíamos tener muy claro que si no podemos vencerla, como poco tendríamos que evitar todo sufrimiento añadido en los momentos y situaciones que la preceden. Son muchas las voces que desde hace siglos apuntan en esta dirección.
Para concluir, quiero hacerlo con unas citas sacadas de la bibliografía consultada, que creo nos harán reflexionar:
“Durante los últimos veinticinco años mi vida ha sido una rutina. Mi vida es darme la vuelta en la cama cada tres horas, que me den la comida, que me limpien, que me pongan sondas, que me quiten sondas… La muerte no hay que pedirla a gritos. Hay que pedirla. Y los que tienen el poder de garantizarme que mis derechos y libertades sean reales y efectivos, lo que deben juzgar es si lo que yo planteo es o no es racional. S i es racional, hay derecho… Cristo enseñó muchas cosas, entre ellas a superar el miedo a la muerte y al dolor, y a no dejarse dominar por el poderoso…ya que esas armas son las más poderosas que tienen los tiranos de todo tipo para esclavizar al ser humano… Dios o su concepto es mi conciencia. Y, como ser racional, mi deber no es creer sino conocer… Yo no tengo dolor físico, sí algunas molestias. Pero el dolor psicológico es insufrible. No sé si habrá visto usted una película en la que para torturar aun ser humano lo atan a un cadáver. La situación mía, la de un tetrapléjico, es algo parecido: a estar con tu cabeza pegada a un cadáver del que no puedes des pegarte. Y así eternamente.
Ramón Sampedro. “Cartas desde el Infierno”

“La gente siempre ha tenido cierta tendencia al autoengaño y a la negación de los aspectos desagradables de la realidad… Las creencias en la inmortalidad del alma y en la existencia de un paraíso y un infierno tras la muerte han exacerbado la inquietud, el miedo y la esperanza infundada .Los españoles del Siglo de Oro tenían tan lavado el cerebro, que a muchos les parecía obvio que esta vida era un valle de lágrimas que convenía abandonar cuanto antes para gozar de la bien aventurada vida eterna. Santa Teresa de Jesús (1515-1582) no cabía en sí de ganas de morirse:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero por que no muero.


Los mártires de todas las épocas se han visto impulsados a su irracional conducta por sus creencias escatológicas… Albert Einstein, que no creía en dioses personales ni en inmortalidades, se expresó siempre con desprecio respecto a las religiones tradicionales, basadas en el miedo irracional a la muerte y a los presuntos castigos divinos… Es previsible que la tecnología del mantenimiento artificial de la vida (por muy deteriorada, agónica y residual que sea) siga progresando. Por eso es deseable que la eutanasia se convierta en alternativa rutinariamente ofrecida a los pacientes terminales. Y por eso es importante postular el derecho a decir basta, a elegir el final de la película, a vivir con serenidad los últimos momentos y a elegir el lugar del manuscrito donde queremos estampar el punto y final. Nuestra libertad y nuestros derechos de autor están en juego… La naturaleza humana acota nuestra vida y tiene prevista nuestra muerte. Hay que tratar de evitar la muerte prematura o dolorosa. A la muerte en sazón, a la muerte cuya hora ha llegado, hay que encararla con serenidad y lucidez, hay que aceptarla como lo más natural del mundo”.
Jesús Mosterín. “La Naturaleza Humana”

Bibliografía:
Mosterín, J. (2006). La naturaleza humana. Espasa Calpe, S.A., Gran Austral.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Ediciones Martínez Roca, S.A.
Sanpedro, R. (2004). Cartas desde el infierno. Editorial Planeta, S.A., booket

Psicología del desarrollo. Autor: Apátrida

 

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