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Cuentos y relatos
Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell

Pesadilla (1970)

Cabizbajo y pensativo, camino sin rumbo fijo, por calles llenas de gente que rebosan risas de chiquillo __ ¿Dónde iré?__ me pregunto… mas no obtengo respuesta y sigo caminando como perdido en un desierto. Nada veo… nada escucho… Mis pensamientos retroceden en el reloj del tiempo...
Recuerdo las noches estrelladas junto a un risco dentado. Recuerdo a un camarada sentado junto a mí. Recuerdo también las noches de tormenta, terribles y a la vez hermosas, en las que, junto al calor del fuego charlábamos de lo nuestro: Montaña… escalada… ¡Bellos recuerdos!
De pronto, ante mí: una taberna. Entro. Aquí nada es bonito. Nada se parece a mis recuerdos. El humo de los pitillos y el rumor de las gentes hablando de lo suyo me embotan la cabeza, pero me quedo.
__ ¿Dónde ir sino? __ me pregunto. Sentado en una mesa junto a una pared de espejo mirando en él mi reflejo, vuelvo a hilvanar mis recuerdos…
Alegría, sufrimiento, esperanza, triunfo… ¡Al fin, la cumbre! De nuevo alegría, abrazos, suspiros entre dos compañeros… y allí, donde nunca antes la planta del hombre había pisado nos sentíamos como dioses. ¡Más aún!, nos sentíamos verdaderos compañeros.
__ ¿Qué desea? __ Me interrumpió el camarero. Le respondí que cualquier cosa sin ni siquiera verlo. Mi mirada seguía fija sobre el gran espejo. ¡Cuánto ha cambiado mi rostro! ¡Ya casi no me reconozco! Qué diferencia de entonces…
__ ¿Por qué dejé de escalar? __ Me pregunté con cierta angustia, sintiéndome como si hubiera muerto y todavía no lo supiera. El espejo devolvió mi rostro sin respuesta envuelto en una mueca de claro sufrimiento. Cuánto me gustaría volver a escalar y no puedo…
__ ¿Pero porqué? ¿Qué ocurre? ¿Por qué no puedo? __ me inquieto, no puedo aguantar más y me marcho justo en el momento en el que aquel chico se acercaba con la consumición.
__ ¡Ya no la quiero! __ respondo mientras abandono el local bajo la atónita mirada del camarero, y con más rapidez que a la entrada, abandono el lugar, sus parlanchines clientes y su denso humo. De nuevo en la calle vuelven mis recuerdos…
Aquella fue una noche magnífica a pesar del frío que a ninguno nos importaba. Acabábamos de adquirir material de escalada “de verdad” y ya no tendríamos que utilizar los clavos de ferretería ni los alambres a modo de singular mosquetón fabricados por nosotros mismos. Teníamos clavijas “de verdad”. Las habíamos comprado en la armería Torres de la calle Colón, no sin pocos sacrificios económicos, y tras haberlas pedido exclusivamente para nosotros a la fábrica, gracias a lo bien que se había “enrollado” con nosotros su hijo “Balta” pues era imposible adquirirlas en ningún comercio de la provincia de Alicante.
Remontamos el último y rocoso tramo de sendero antes del pequeño collado que nos separaba de la rambla de “Els Nadalets”. Nos dirigíamos como de costumbre a la cueva del mismo nombre, aunque ya se había convertido en nuestro refugio de San Bernardo. En el collado buscamos con alegría las plateadas paredes que la luna bañaba en el último horizonte de la montaña, que iban a ser el escenario de nuestras escaladas. La claridad era tal, que estuvimos largo rato trazando en el aire con nuestros brazos las vías de ascensión que mañana nos harían felices. Luego, en el refugio, mil y una veces, arreglamos el material revisando uno a uno cada mosquetón y cada reluciente clavija. Tanto las habíamos sobado que nadie pudo librarse del aceite de fábrica con el que todas aquellas aleaciones de metal venían impregnadas.
¿Quién hubiera podido dormir en tan importante noche? Tumbados boca arriba charlábamos con la mente puesta en aquellas paredes. ¡Qué estupendas vías!, pensábamos… Y así, la mañana nos sorprendió quizá sin haber resuelto aquel que tenía que ser, el decisivo e imaginario paso.
Sin probar bocado partimos por fin en pos de la aventura. Al llegar al pie de las paredes, un suspiro, y con la última respiración contenida comenzamos la que sería para siempre nuestra primera escalada “de verdad”. Después, alegrías, inacabables comentarios sobre el más insignificante acontecimiento de la mañana. ¡Cómo entraban en la roca aquellos clavos! ¡Qué seguridad! Alguien comentó:
__La semana que viene ¿dónde vamos? __…Sí, habíamos comenzado. Ya nada podría separarnos de la atracción de la cuerda…
__… Pero, ¿entonces?, ¿por qué estoy aquí?… __no había respuesta__ ¿por qué no estoy con mis compañeros?… ¿Por qué dejé la cuerda__ No había dejado de caminar desde que salí del bar. De repente ya no pensaba nada. Las puntas de los zapatos con el ritmo del rápido caminar me habían embobado.
__ ¡Adiós tú! __ Me gritan, y cuando me vuelvo veo con sorpresa que son mis compañeros. Sobre algunas de las mochilas veo la cuerda y en mis sentidos noto su recio olor tan familiar para mí; olor de alegrías, de sufrimientos. Testigo de mil momentos. Quiero saludarles pero no puedo. ¡Sufro! ¡Grito!… Me desespero, noto que ya nada es bonito. Ya nada es bello.
¡Riiiinnng, riiinnnggg!
__ ¿Qué pasa? __ Enciendo la luz. ¡Estoy despierto! ¡Fue sólo un sueño! Me froto los ojos a la vez que con ansiedad doy al interruptor de la lámpara y de un salto me incorporo sobre la cama buscando con impaciencia lo que enseguida encuentro. Mi mochila estaba preparada junto al armario del dormitorio. Ya son las cinco. Con el rostro soñoliento y marcada ansiedad salgo presuroso a la calle. Voy corriendo. ¡Todo ha sido una pesadilla! ¡Un mal sueño! Grito sin aminorar el paso hasta que al fin logro ver a mis compañeros junto a la esquina… esperando.
__ ¡Esta es mi vida! Este es mi mundo. Acabo de ver en sueños mi angustia sin él. No concibo otra clase de vida. No la sé entender. Mi mundo son mis sueños, mis luchas, mis esfuerzos sintiendo que gano el derecho a la vida que quiero, haciendo que cada día la realidad se acerque más a mi ideal de pensamiento.
Mis compañeros me escuchan perplejos. No entienden nada y oigo que alguno dice:
__¡Este tío está mochales!

 


Caminamos unidos cuando ya amanece. Caminamos alegres, pues el momento lo merece. No me han entendido, pero me comprenden, pues como yo, también han sentido lo que mi corazón siente. Y cuando ya el destino nos separe por caminos diferentes, seguiremos pensando como ahora; porque éste, será nuestro pensar de siempre.

* * *


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