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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell

“Los águilas perdiceras”

Hace años con el beneplácito de la Federación Valenciana de Montaña y el griterío de ecologistas, se prohibió a los escaladores la práctica de nuestro deporte en la Sierra de Cabreras, (entre Sax y Villena) en época de anidación de las aves, ya que, se había instalado allí el águila perdicera y, según ellos, nuestros ruidos molestaban a sus nidos poniendo en peligro los huevos. Algunos vimos muy mal que no se tratase igual al cazador que al escalador y montañero pero… “Poderoso caballero es don dinero”.
Pronto, pasará pegado a la misma sierra un AVE mucho más ruidosa y molesta, y como preguntar no es ofender, yo pregunto: ¿Se parará el rápido tren en la estación de Villena en época de anidación y los usuarios pasarán andando junto a la montaña en silencio cual caravana de africanos porteadores, llevando las maletas sobre sus cabezas?, ¿Se argumentará preferente interés social, y al pájaro que le den…?
Como quiera que no me veo llevando las maletas como los buyanguele del Congo y la vía ya está prácticamente puesta, yo vuelvo a preguntar: ¿Dónde están ahora los ecologistas chillones, la administración sancionadora y la Federación consentidora? O será que entre AVES no se molestan. ¿Lo van pillando?
Y ¿Por qué no puedo acampar en la montaña yo, si acampó durante semanas la tramoya romana de Guerard de Pardieu en la película que se rodó, allí en Catí frente al Puig Maigmó? ¿Será por la hermosura de Santiago Segura?, ¿Irán a ver la película los miembros de nuestra federación? ¿Tendrán butaca preferente políticos y ecologistas el día de la proyección?
Y claro, esto que parece guasa, además de ser cierto, es la introducción a un ruego que es a la vez petición o más bien un ¡Ya está bien!, pues he visto hace meses en la prensa municipal y también en Valle de Elda, encartes publicitarios a todo color, referidos al plan de actuación en las Cañadas del Tite, sobre algo que llama mi atención.

“Plan de seguimiento y protección del hábitat para el águila perdicera”

 

Portada del proyecto Pinchar  en la imagen para verla ampliada
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Portada del proyecto de zona residencial y campo de golf y la página donde se menciona el proyecto del águila perdicera que he recuadrado en rojo. Pinchar en las imágenes para verlas ampliadas

 

Como ya estamos otra vez con lo mismo, ahora que hay gobierno en mayoría me gustaría conocer el plan definitivo sobre la ubicación del mentado animal. En cuanto a mi opinión seré rápido y directo, refiriéndome al plan.
Si he de elegir, me importa un comino (dicho así por no reiterarme en el texto) el huevo del águila perdicera, pues también el espíritu de aventura se encuentra en peligro de extinción. Y ahora, el espécimen a proteger; de cuentos cuyo único fundamento sea callar a falsos ecologistas, que incordian a políticos absurdos, (podrían ser peores calificativos) es el propio escalador.
Conviene que éstos espabilemos y empecemos a tocarles también “sus temas” a unos y a otros, o volverán a empapelarnos con prohibiciones por el mismo asunto de los huevos (del águila perdicera).
Nada dijeron aquellos sobre el lugar donde poner el nido, pues disertar sin atinar, o lo que es igual sin decir nada, es esencia de lo político, pero por si acaso y curándome en salud, cual eldense escarmentado, siendo las Peñas del Marín, colindantes al terreno de los futuros golfistas de las Barrancás y también a la Camará municipal, quiero advertir que allí se alberga una de las primeras zonas escuela de escalada en España, que nacieron por la voluntad de unos eldenses que supinos arrancar desde ellas hacia cotas de ilusión, no sin poco esfuerzo, hace ahora casi cincuenta años; mucho, pero que mucho antes que allí anidase ave alguna. Para que conste. Por allí han pasado miles de jóvenes eldenses y saben de lo que hablo. No repitan, por favor, lo de las cabras de los Chaparrales, que tampoco pintan nada allí, ni sigan con la doble moral de proteger para luego matar.
Aquí, ruego absténgase cazadores de entrar al trapo por el ejemplo dicho, que también del que mata para divertirse, a un bicho, tengo mucho que hablar y no me trago ya, (debe ser la edad) las tan cacareadas razones del equilibrio cinegético que alimenta y luego pum, pum. Si son tan nobles quédense en la fase primera.
Mi ruego sobre este territorio que hoy tiene fama internacional, por las continuas visitas de escaladores de todas las nacionalidades, y que avalan diversas publicaciones que ya existen en todo el mundo, es para que no metan allí, ni sus huevos, ni sus absurdas razones, ni sus botes de pintura, costumbre ésta última, contraria a nuestra tradición que, para mayor escarnio, vienen patrocinando entidades públicas y federaciones para mantener (aquí hablo ya de pelas) a falsos montañeros y ecologistas, peseteros y trepas. Vuelvo aquí a hacer prevalecer la condición de montañero, recordándoles a todos que aquí estábamos nosotros primero; antes incluso de nacer la palabrita, y también de que llegase el invento francés de la brocha y el bote. En fin ¡Que ya está bien de tanto pintamontes y tanto golfista!
Y que no se entienda mal, que yo también quiero al animal y por eso, propongo, para mejor cuidar al pájaro, que se ubiquen los nidos en el balcón del Ayuntamiento, de la Diputación Provincial o de la propia Generalitat Valenciana y que sean, quienes hacen esas leyes absurdas, metidas con calzador y panfletarias prohibiciones, quienes se ocupen, de verdad, de verdad, del problema del águila perdicera y de sus huevos, que ya “manda huevos” (ahora se puede citar) esta repentina preocupación institucional. Creo que ya está bien, de que nos toquen siempre los huevos (del águila perdicera) a los montañeros.
Si alguien quiere hablar de huevos, hablemos también de las Cañadas y del porqué de tan alejadas recalificaciones de un terreno municipal, que eso sí que tiene narices (dicho sea por no volver a rimar) pero hagámoslo de verdad, hablando claro, llamándole al pan, pan y al vino, vino para que nadie se llame luego a engaños. Seamos capaces de llegar hasta el final y que prevalezca por encima de todo, la verdad, la ética y la honradez. (Perdón por el desuso de los vocablos).
Por cierto, después de lo dicho al principio de mi argumentación, también me importa un ápice, (aquí soy educado, aunque se entiende) lo que diga la federación o los ecologistas, quienes a falta de los suficientes “argumentos” (dicho así para que sea publicable) con los que atreverse a entrar en los temas de verdad importantes, se contentan con las migajas de los avispados que los apañan.
Abramos los ojos de una vez, todos los montañeros y ciudadanos de corazón, los que nunca pusimos la mano para “cobrar por nuestra afición”, y echemos del templo a todos los mercaderes de la montaña, que no hacen ninguna falta.
De los que son de verdad, no he hablado. Lea bien el político, el ecologista y el montañero y colóquese donde proceda, que ya está el cupo lleno de “los águilas perdiceras” (el pronombre lo escribí bien).

(Publicado en Valle de Elda, Nº 2.524 el 6 de julio de 2007)


Juan M. Maestre

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