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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell
“LA NIEVE ”
La nieve me estimula y renueva. Como en la tierra, se empapa en mi alma soñadora de paisajes virginales y Me sacude arrancándome del letargo veraniego. Respiro al fin.

Blanco y sugerente elemento donde la huella hace siempre nuevo el camino de incierto trazado. Territorio innato para la aventura donde sólo yo marco la ruta para bien o para equivocarme, que nunca es para mal, si con el equívoco se aprende.


Con paso lento pero firme busco el apoyo seguro sobre la inestable pendiente. Qué hermosa me parece la aurora, levantando el difuminado horizonte de amarilleos fulgores que empujan hacia el día, el telón estrellado de la noche que acaba.

Hace frío pero la promesa del sol que nace y la cercana cumbre, me renuevan voluntades sacándolas del peligro a sucumbir bajo la pereza del silencio reinante, que sólo la cadencia del paso tímidamente rompe, al rasgar la crujiente nieve. Soledad…

No. Ciertamente eso no es así. Me encuentro haciendo un barullo de cola de tres pares de narices ante el remonte mecánico que por no se sabe qué razón, elegí como el más conveniente. Lo de guardar turno, lo llevaría mejor sin tanta Mari Pili y Borja Luís, tirando del último modelo de móvil.
__ ¡Señor aguántame! O “les tiro” un bastonazo que le caliento las orejas al mismísimo, que al otro lado del satélite les aguanta la “tontería”__ Luego cuando ojalá no les haga falta, ya no tendrán batería.


Me toca al fin. Sentado aunque no cómodo, me maravillo de la audacia de la técnica que tan alto llega: __ ¡Vamos, hasta la misma cima de la montaña! __ Allí otra vez barullo, Borja Luís y Mari Pili. Me aguanto, y espero en aquel frío y alto lugar. Nadie allí se detiene. Nadie admira el paisaje y cuando el gentío se aleja ¡La montaña es mía! Y aunque pistas, cables y remontes, la afean, yo sólo veo el horizonte de altivas cimas que me rodean.

Me deslizo, y al fin vuelvo a ser el de siempre. Mis tablas trazan caminos sobre la inmaculada nieve, mientras el “kichs” de cantos, rayando el hielo en el viraje, me recuerda al cansino paso en la soledad de la noche. Son dos distintos momentos sobre un mismo paisaje, pero iguales para un corazón de alpinista que hoy, tiene pies de esquiador y el alma inconformista y aventurera.



Bienvenida sea la nieve que me estimula y renueva.

Juan M. Maestre

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