| Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell |
| Cuentos
y relatos |
Memoria
Expedición a Javalambre 2020 mts. G.E.M. y G.E.C.E. (Teruel) 17-18 Enero de 1970 |
Prólogo
Relato El día “D” ha llegado. Después
de una interminable semana llena de ansiedad y dudas, nos encontramos
sentados en lo que sería nuestro medio de transporte hasta donde
comenzará nuestra pequeña aventura, ya que para nosotros,
aspirantes a montañeros, cada salida es una nueva aventura. Cada
salida descubre ante nosotros algo que creíamos saber y que no
conocíamos, con cada salida nuestro espíritu se fortalece
al mismo tiempo que aumenta nuestra experiencia. |
![]() Al amanecer, perdidos entre la niebla. |
Al levantarnos y una vez arregladas nuestras
mochilas, comenzamos la ascensión por el estrecho y torturado sendero.
Guiados por el pequeño farol de gas, veintiuna sombra caminan sin
pausa, uno tras otro, cabizbajos y pensativos, hacia la cumbre, que no
llegaría para algunos. Seguimos caminando por la estropeada senda,
perdidos y desorientados, la noche y la niebla nos han ganado la partida.
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Resignados a aceptar nuestro error, pero no a desistir
en nuestra ascensión a la cumbre, decidimos esperar la llegada
de la claridad, y para ello nos refugiamos sin saberlo, en lo que un día
fue cuartel de los soldados del primer frente. Acurrucados, somnolientos
y cansados, luchamos contra el sueño y el frío. Cantando,
haciendo palmas y silbando, mantuvimos a raya al peligroso enemigo.
Después de esta breve inscripción, y tras efectuar las fotografías de costumbre, emprendimos el descenso lo más rápidamente posible. Apenas habíamos comenzado a bajar, cuando la niebla se apoderó de nuevo de nosotros, por lo que procuramos unirnos para así evitar que cualquiera de nosotros se perdiera, cosa que no era imposible. Cansados y somnolientos, caminábamos cabizbajos hundiéndonos en el fango del camino, camino que nos hubiera parecido interminable, de no ser por lo concurrido que se encontraba. Gracias al espíritu de sacrificio de nuestros compañeros, pudimos salir del pueblo a una hora prudente, a pesar de que no era la que se había previsto. El regreso, como todos, fue nostálgico, pero también tuvo sus ratos de alegría por parte de todos, ya que se formaron planes de nuevas excursiones. Nada hubo de particular durante la vuelta, a excepción de un pinchazo, que reparamos con la mayor rapidez posible. Así por fin, y cuando la noche extendió su negro manto, volvimos a divisar la inconfundible silueta de nuestro querido Cid. “Ya estamos en casa”, cansados pero contentos, y sin lugar a dudas, con un granito más de experiencia, ya que avanzamos un paso en la difícil carrera del montañismo, y nos preguntamos, ¿Qué es el alpinismo? Si no la superación de uno mismo, ¿Por qué vamos a la montaña? Si no en busca de una perfección técnica, esto, para quienes no han gozado los momentos en que unido a un compañero por la cuerda, después de una difícil ascensión, y jadeante el aliento se estrechan la mano, así, sin hablar, pues las palabras sobran en tan sublime momento, un fuerte apretón de manos significa todo, la alegría, la esperanza, la ilusión… y después las palabras tontas, insuficientes, torpes por esta alegría que nos embarga, y aún en estos momentos que no me preguntaran por qué asciendo a las cumbres, pues no sabría contestar, ésta quizá sea la incógnita que nos atrae a las paredes, ese algo que nos impulsa a superarnos técnica y espiritualmente sin comprender el cómo y el por qué. Únicamente he podido comprender que allá en el reino de la roca, es cuando el hombre se siente desarmado, incapaz de combatir en solitario semejante aventura, y es aquí donde cada uno de nosotros vela por los demás, es aquí donde se aprende a amar a nuestro prójimo, cuando una presa cede y salta en mil pedazos haciendo perder el equilibrio al compañero, el suspiro percibido a través de la tensa cuerda, el cantar de los hierros al morder la roca, la voz del compañero que pide “cuerda”. Todo ello y mucho más, es la escalada, y para aquellos que no comprenden nuestras aficiones, no tratarlos de convencer porque no os entenderán, “sigue tu camino montañero”, no desfallezcas jamás, busca ese algo que te impulsa, y te aseguro que lo hallarás, no hagas caso de la gente, recuerda que a la montaña se va con humildad, no vitorees tus hazañas, son tuyas, nada más que tuyas, y cuando el cuerpo no te siga por el envejecimiento, alenta otras ilusiones, enseña a los demás con esa juventud y espíritu que un montañero no pierde jamás. Adiós, termino ya, recordad estas palabras, examinadlas con cuidado y en ellas encontraréis algo que ocupa poco lugar, pero que es muy grande y difícil de expresar, y mucho menos con mi pluma que entre las manos mías no se sabe expresar. Quizá un día, pasado mucho tiempo, al limpiar unos polvorientos estantes, en un rincón olvidado, encontréis esta pequeña memoria y os riáis de todo cuanto en ella hay escrito, quizá la técnica evolucionó y lo que hoy consideramos una excursión a destacar, para vosotros sea una excursión más, quizá os enseñe algo que no comprendisteis jamás o quizá no la entendáis jamás, si eso sucediera, solamente recordad que el amor a la montaña, siempre ha sido, es y será algo necesario para poder escalar. |
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![]() Equipo expedicionario |
Queremos,
que esta humilde monografía sirva de homenaje a nuestros compañeros,
que no alcanzaron la cumbre mostrando un espíritu de sacrificio
digno de nuestro más efusivo agradecimiento. |
Relación de participantes Ricardo Vicedo González |
Recaudación
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| 27 | viajeros que entregaron anteriormente 100 Ptas. Cada uno | 2.700.- |
| 8 | miembros del G.E.C.E | 0.- |
| 9 | miembros del G.E.M | 0.- |
| 4 | miembros del Centro Excursionista Eldense | 800.- |
| 4 | miembros de Centro Excursionista de Petrel | 800.- |
| 2 | particulares | 400.- |
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| Total recaudado | 4.700.- |