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Ruwenzori

Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell

Cuentos y relatos

Memoria Expedición a Javalambre 2020 mts.
G.E.M. y G.E.C.E.
(Teruel) 17-18 Enero de 1970

Prólogo


Con esta pequeña expedición que acabamos de realizar queremos dar comienzo a lo que nosotros llamaríamos “despertar del montañismo eldense” ya que no ha nacido ahora, sino que nació hace ya mucho tiempo, pero por causas que desconocemos quedó parado como un reloj al que su dueño olvidó darle cuerda. Queremos, que sirva esta memoria como testimonio de una fe que en estos momentos nos llena. Queremos que nos sirva de recordatorio para dar cuenta a ese reloj, que no debemos dejar parado.


G.E.C.E. y G.E.M.

Relato

El día “D” ha llegado. Después de una interminable semana llena de ansiedad y dudas, nos encontramos sentados en lo que sería nuestro medio de transporte hasta donde comenzará nuestra pequeña aventura, ya que para nosotros, aspirantes a montañeros, cada salida es una nueva aventura. Cada salida descubre ante nosotros algo que creíamos saber y que no conocíamos, con cada salida nuestro espíritu se fortalece al mismo tiempo que aumenta nuestra experiencia.
A las 14,45 del 17 de Enero de 1.970 partimos todos hacia nuestro objetivo. A los vítores de Elda, Elda nos vamos alejando de nuestra querida ciudad, pronto desaparecerá de nuestra vista la inconfundible silueta del Cid y aparecerán a nuestros ojos otros paisajes nuevos e igualmente bonitos.
El viaje transcurre como todos, con sus ratos de alegrías y sus conatos de aburrimiento, aunque estos últimos brillaron por su ausencia, ahogados por el sinfín de sevillanas, coplas y toda clase de canciones con que estuvo animado casi todo el trayecto.
Después de más de seis horas de rodar por el asfalto, penetramos en el camino que al poco tiempo nos llevaría a Camarena de la Sierra, no sin antes presentar sus dificultades el hielo existente en algunos tramos de la carretera.
Desde que remontamos el collado que separa La Puebla de Valverde, de nuestro objetivo, la nieve se fue haciendo visible entre el regocijo de todos los componentes de nuestra pequeña expedición.
Las tenues y escasas luces de Camarena ya son visibles a nuestros ojos, abajo, en el fondo de un estrecho valle, aparecen ante nuestros ojos antiguos muros. A los vítores de Elda, Elda, entramos en el pueblo bajo la mirada curiosa, pero acostumbrada de estas gentes.
Una cena en franca camaradería nos repuso en parte, del largo viaje. En el transcurso de la misma se dijo que sólo subirían a pernoctar los miembros del Centro Excursionista de Petrel, ya que los eldenses preferimos dormir todos juntos bajo, porque algunos no poseían suficiente equipo.
Tras la cena, y hacer constar nuestra salida en el hotel donde cenamos, reanudamos la marcha hacia el lugar donde teníamos que pernoctar.
La luna no nos acompañó mucho, pero había suficiente claridad como para advertir los innumerables charcos que habían en el camino. Al cabo de 45 minutos, llegamos a la formidable construcción rústica (piedras y troncos), que nos serviría de morada durante lo que quedaba de noche.
La cabaña permitía una capacidad de albergue enorme, tanto es así, que los veintiuno dormimos a la par en sólo una parte de la chavola.
Una última mirada a la sierra y su techo, me hacen prever la tan acostumbrada niebla espesa que nunca acaba de despejar.



Al amanecer, perdidos entre la niebla.
Al levantarnos y una vez arregladas nuestras mochilas, comenzamos la ascensión por el estrecho y torturado sendero. Guiados por el pequeño farol de gas, veintiuna sombra caminan sin pausa, uno tras otro, cabizbajos y pensativos, hacia la cumbre, que no llegaría para algunos. Seguimos caminando por la estropeada senda, perdidos y desorientados, la noche y la niebla nos han ganado la partida.

 

 

Resignados a aceptar nuestro error, pero no a desistir en nuestra ascensión a la cumbre, decidimos esperar la llegada de la claridad, y para ello nos refugiamos sin saberlo, en lo que un día fue cuartel de los soldados del primer frente. Acurrucados, somnolientos y cansados, luchamos contra el sueño y el frío. Cantando, haciendo palmas y silbando, mantuvimos a raya al peligroso enemigo.
Pero la claridad no trajo nada nuevo y la intensa niebla continuaba a nuestro alrededor. Cansados de esperar, decidimos continuar en busca de la cumbre, cosa que nos fue imposible debido al tiempo existente.
Resignados, todos nos rendimos a la evidencia del tiempo, y con mil ilusiones deshechas todas, volvimos a nuestro punto de partida con gran pesar.
Todavía no habíamos bajado unos cientos de metros, cuando un paisaje maravilloso y único se presentó ante nosotros. Al fondo, y entre la espesa niebla, denotaba un claro, y entre él, el pueblo, radiante con los vivos colores de sus tejados y la brillantez de la nieve en las cumbres circundantes.
Una vez pasó el momento poético y sorprendente, volvimos a la realidad y comprendimos el porqué nos habíamos perdido, al mismo tiempo que vimos donde estaba el verdadero camino. No obstante ya son las diez y deberíamos estar ya en el autocar para emprender el regreso, por lo cual el Jefe de expedición acordó regresar al pueblo, ya que por otra parte la niebla continua aferrada a las cumbres.
Pero no todos estaban de acuerdo, ya que unos se bajaron al pueblo y se encargaron de preparar la salida, y otros ascendieron a la cumbre sin pausa ni descanso hasta alcanzarla, todos ellos miembros del G.E.M. y del G.E.C.E. Una vez arriba, todos alegres, firmaron en el libro registro con la siguiente retórica:

18-1-70

Con esta fecha, y con un frío tremendo de “ole tu tía”, ascendimos a la cumbre de Javalambre, 2.020 metros sobre el nivel del mar, para lo cual firmamos y damos fe del resurgir del montañismo eldense:

Francisco Azorín Gil
Manuel S. Gandía Jiménez
José Miguel Martí Juan
Miguel Gracía Martínez
Alberto Beltrán Ortiz
Antonio Riquelme Albert
Ricardo Vicedo González
Pedro Cano Verdú
Vicente Bernabeu García
Juan M. Maestre Carbonell


Después de esta breve inscripción, y tras efectuar las fotografías de costumbre, emprendimos el descenso lo más rápidamente posible. Apenas habíamos comenzado a bajar, cuando la niebla se apoderó de nuevo de nosotros, por lo que procuramos unirnos para así evitar que cualquiera de nosotros se perdiera, cosa que no era imposible.
Cansados y somnolientos, caminábamos cabizbajos hundiéndonos en el fango del camino, camino que nos hubiera parecido interminable, de no ser por lo concurrido que se encontraba.
Gracias al espíritu de sacrificio de nuestros compañeros, pudimos salir del pueblo a una hora prudente, a pesar de que no era la que se había previsto.
El regreso, como todos, fue nostálgico, pero también tuvo sus ratos de alegría por parte de todos, ya que se formaron planes de nuevas excursiones. Nada hubo de particular durante la vuelta, a excepción de un pinchazo, que reparamos con la mayor rapidez posible. Así por fin, y cuando la noche extendió su negro manto, volvimos a divisar la inconfundible silueta de nuestro querido Cid. “Ya estamos en casa”, cansados pero contentos, y sin lugar a dudas, con un granito más de experiencia, ya que avanzamos un paso en la difícil carrera del montañismo, y nos preguntamos, ¿Qué es el alpinismo? Si no la superación de uno mismo, ¿Por qué vamos a la montaña? Si no en busca de una perfección técnica, esto, para quienes no han gozado los momentos en que unido a un compañero por la cuerda, después de una difícil ascensión, y jadeante el aliento se estrechan la mano, así, sin hablar, pues las palabras sobran en tan sublime momento, un fuerte apretón de manos significa todo, la alegría, la esperanza, la ilusión… y después las palabras tontas, insuficientes, torpes por esta alegría que nos embarga, y aún en estos momentos que no me preguntaran por qué asciendo a las cumbres, pues no sabría contestar, ésta quizá sea la incógnita que nos atrae a las paredes, ese algo que nos impulsa a superarnos técnica y espiritualmente sin comprender el cómo y el por qué. Únicamente he podido comprender que allá en el reino de la roca, es cuando el hombre se siente desarmado, incapaz de combatir en solitario semejante aventura, y es aquí donde cada uno de nosotros vela por los demás, es aquí donde se aprende a amar a nuestro prójimo, cuando una presa cede y salta en mil pedazos haciendo perder el equilibrio al compañero, el suspiro percibido a través de la tensa cuerda, el cantar de los hierros al morder la roca, la voz del compañero que pide “cuerda”. Todo ello y mucho más, es la escalada, y para aquellos que no comprenden nuestras aficiones, no tratarlos de convencer porque no os entenderán, “sigue tu camino montañero”, no desfallezcas jamás, busca ese algo que te impulsa, y te aseguro que lo hallarás, no hagas caso de la gente, recuerda que a la montaña se va con humildad, no vitorees tus hazañas, son tuyas, nada más que tuyas, y cuando el cuerpo no te siga por el envejecimiento, alenta otras ilusiones, enseña a los demás con esa juventud y espíritu que un montañero no pierde jamás.
Adiós, termino ya, recordad estas palabras, examinadlas con cuidado y en ellas encontraréis algo que ocupa poco lugar, pero que es muy grande y difícil de expresar, y mucho menos con mi pluma que entre las manos mías no se sabe expresar. Quizá un día, pasado mucho tiempo, al limpiar unos polvorientos estantes, en un rincón olvidado, encontréis esta pequeña memoria y os riáis de todo cuanto en ella hay escrito, quizá la técnica evolucionó y lo que hoy consideramos una excursión a destacar, para vosotros sea una excursión más, quizá os enseñe algo que no comprendisteis jamás o quizá no la entendáis jamás, si eso sucediera, solamente recordad que el amor a la montaña, siempre ha sido, es y será algo necesario para poder escalar.


Equipo expedicionario
Queremos, que esta humilde monografía sirva de homenaje a nuestros compañeros, que no alcanzaron la cumbre mostrando un espíritu de sacrificio digno de nuestro más efusivo agradecimiento.

 

Relación de participantes

Ricardo Vicedo González
Pedro Cano Verdú
Anastasio Higueruela Sanz
Manuel Pascual Boluda
Juan Sánchez Sanz
Francisco Azorín Gil
Manuel S. Gandia
Manuel Gracia Martínez
José Francisco Maestre Pérez
José Pérez Moneo
José Miguel Martí Juan
Antonio Esteve Salas
Miguel Bello Pérez
Alberto Beltrán Ortiz
Vicente Bernabeu Pérez
Elías Gran Busquier
Alejandro Fernández de Mesa
José Avilés Bermudez
Antonio Riquelme Albert
Ernesto Maestre Pérez
Andrés Jurado Payá
José M. Brotons Mostazo
Joaquín Navarro Azorín
Juan M. Maestre Carbonell


Recaudación

 

27 viajeros que entregaron anteriormente 100 Ptas. Cada uno
2.700.-
8 miembros del G.E.C.E
0.-
9 miembros del G.E.M
0.-
4 miembros del Centro Excursionista Eldense
800.-
4 miembros de Centro Excursionista de Petrel
800.-
2 particulares
400.-
_______
Total recaudado  
4.700.-

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