¡Lo encontré! “Compromiso”. Es la palabra que mejor la retrata, el titular mágico que le va, que ni pintado… pero no… digo sí…, pero es que hay más, pues “Superación” también la define; compromiso con todo lo que hace y cómo lo hace. Es algo que se ve, en ella, incluso detrás de las grandes gafas de alpinista, que le ocultan sus bonitos ojos, que yo diría que son entre, verdes como la naturaleza que pisa, y azules como el cielo que corona las metas de su vida de alpinista. Ojos inquietos, curiosos y activos. Una vez un periodista le preguntó cuál era la cosa que más le interesaba, además de la montaña, y ella respondió: “La montaña”. Me pareció la respuesta genial de una “grande” del alpinismo. Su compromiso con todo, no sólo con la montaña, le hace participar en proyectos solidarios de cooperación, como el que lleva realizando desde hace años con el pueblo Hushé en el norte de Pakistán.
Sí, también superación, seria, tremenda y dolosa, pero igualmente esforzada y larga; fantástica recuperación la que tuvo que imponerse Ester para seguir viviendo la vida que a ella le hace vivir. Pero incluso “Superación” me parece un titular pobre, para definir la voluntad de esta mujer a la que un día, cuando se encontraba grabando un programa de descenso de barrancos en la Isla Guadalupe, allá en las Antillas, se vio precipitada al vacio junto a su compañero Xavi Iturriaga, al desprenderse la cuerda del rappel. Su compañero murió y ella, con una cadera rota en varios pedazos, un brazo, un hombro, un dedo y varias costillas, aguantó toda una noche entre la vida y la muerte esperando el helicóptero de salvamento, junto a sus compañeros de equipo que la supieron y pudieron mantener despierta, y viva. Dice celebrar desde entonces el día 27 de febrero de 1976, fecha en la que nació, pero también el 26 de mayo de 2003 el día de su vida regalada.
Tras aquel fatídico día, “Superación” y “compromiso” sin cuento, fueron las constantes durante tres meses inmovilizada, y dos años de lucha contra el dolor, buscando su recuperación total que la llevó a coronar, en julio del 2005, la cima del Nanga Parbat, uno de los ochomiles más mortíferos de la historia del Himalaya.
Tremendo… Desisto y llamo a Marcelo pidiéndole consejo para titular este artículo… ¿Qué, que le ponga el mismo título que el audiovisual? Pues podías habérmelo dicho antes que llevo toda la mañana currándomelo. Tampoco me enfado, pues gracias a él podremos conocer a esta formidable y grácil mujer, de mirada tierna y recia voluntad. Una maga de ojos verdes que nos presentará “El mundo mágico de las montañas”. ¿O serán azules…?
Ya que estás invitado, no te quedes sin saberlo.
Juan Manuel Maestre Carbonell