Vover a: Amarguillo | Artistas | Francisco Máñez | Subir


“LO QUE SUCEDE UNA VEZ SE QUEDA SUCEDIENDO PARA SIEMPRE" A.GALA

Francisco Máñez Iniesta


E M O C I O N E S

A vista de pájaro, vi como el pueblo se concentraba junto a su castillo precediendo a las bandas de músicas. La multitud se iba comprimiendo, enlatando, fundiéndose en un mismo cuerpo, en un mismo latido. Parecía que no cabían más personas y aquel río humano que desembocaba en la plaza no cesaba de arrojar festeros; pues había llegado la hora del inicio de la fiesta y nadie podía faltar a la cita. Nadie, ni tampoco el recuerdo de los ausentes que cada año afloran en nuestras lágrimas emocionadas.
A vista de pájaro, la plaza formaba un gigantesco puzzle de colores abigarrados que indicaba la presencia de las diez comparsas, esperando vibrar de la emoción que emanaba de la música de un viejo compositor y los versos de un genial letrista difunto.
En la plaza estaba el pueblo, tal como es en la dura pelea de cada día de su existencia. Pero había llegado la hora de soñar que perpetrábamos en el anhelado paraíso perdido. Había llegado la hora de convivir en un mundo fraternal donde la belleza y el placer -al menos por unos días- nos pondría la aureola de la felicidad. Para ello, la villa se había cerrado y las calles limpias de stress y de gases venenosos estaban engalanadas con luces de colores y estandartes multicolores. Se había acondicionado el más bello marco para albergar el mayor cúmulo de sentimientos hermosos que el alma del pueblo es capaz de producir.
A vista de pájaro, vi y oí el estallido de la emoción, el fervor de la alegría y las lágrimas de los que sabían de verdad lo que significaba aquella alocada algarabía que se iniciaba ante la presencia en el balcón del castillo del viejo compositor, que recibía homenaje merecido del pueblo agradecido, estrenando batuta y emociones insospechadas al dirigir aquel pasodoble que tituló "Petrel" y estrenó en esta misma plaza casi vacía en el año 1970. Ahora, la plaza es tribuna de exaltación, y la música y la letra nos fusionan a todos el paisaje que nos pertenece.

Ahora, nos fundimos con su espíritu y mañana cuando nuestra ceniza vuelva a la tierra madre, volveremos a ser paisaje, a ser flor, y árbol y montaña...porque somos ceniza de esta tierra ¡somos tierra de esta tierra! y ello, inevitablemente, nos lleva a reconciliarnos amorosamente con nuestro entorno. Por eso, ahora, aquí, simbólicamente, en este momento sublime en el que todos elevamos nuestro corazón, en este acto eucarístico, se pone de manifiesto que, esencialmente, somos una misma cosa, manifestando con alegría que en esta fiesta de Moros y Cristianos tomamos la triste historia como motivo para contradecirla; porque ahora, ya han cesado nuestras luchas cruentas; porque ahora, los Moros y Cristianos salen a la calle a proclamar la alegría de la vida y la coherencia ante la violencia, abominando el tiempo de historia en que fuimos exacerbados intolerantes, fanáticos y crueles.

A vista de pájaro, el otro castillo se me mostraba espléndido y grandioso, al que, el rey don Jaime rindiera en una mañana de Noviembre del año 1265, en aquel tiempo aciago; que fue consecuencia de otros tiempos intransigentes y ausentes de libertad, en el que, el alma de este pueblo, albergaba más odio que amor, más desdicha que felicidad, más desesperanza que esperanza. ¡Lástima de vidas perdidas, de momentos pletóricos de libertad, de momentos que nunca fueron felices como este! ¡Lástima de siglos de oscurantismo, de sangre vertida en estúpidas y crueles guerras entre hermanos!

La plaza, testigo mudo de la historia de este pueblo, ahora se conmueve y constata la evolución de los sentimientos que han aflorado en su suelo. Ella, que fue testigo de todas las culturas que aquí se desarrollaron, donde ibéricos, romanos, musulmanes y cristianos se imponían los unos a los otros violentamente; donde la muerte y el fuego eterno inmisericorde esperaba a los que no creían lo que los fanáticos de turno victoriosos imponían; ahora, ante este momento de auténtica catarsis de euforia, que también es ofrenda y Te Deum pluralista, la plaza alberga los ecos emocionados de unas gentes que esperan y desean que este himno a la alegría perdure por los siglos.
La presencia de aquel preciso momento ante estas dos posiciones tangencialmente opuestas, me hizo apostar por la toma de conciencia que supone vivir en libertad y alegría, en este tiempo nuevo, confraternizando con todos nuestros semejantes, como ahora, en que una enorme coral atronadora, acompasada por la batuta del viejo compositor eleva los versos y las notas musicales de exaltación entusiasta a nuestra patria chica que no excluye a nadie. "PETREL, MI GRAN PETREL..." Petrer, cuánto tiempo hemos tardado en recobrar nuestras señas de identidad y comprender, que o bien eres de todos, o no eres de nadie.

Mayo 1996

REVISTA MOROS Y CRISTIANOS. PETRER 1997