Francisco Máñez Iniesta

DOROTEO ROMÁN ROMÁN:
EL HOMBRE DE LA INMENSA FORTUNA
Doroteo Román junto a la periodista  Patricia Navarro
Doroteo Román junto a la periodista
Patricia Navarro
Doroteo Román, el hombre de la inmensa fortuna vivió sumido en la soledad que la vida depara cuando se está cerca de un siglo de existencia. Fue uno de los hombres más afortunados y sabios que conocí. Casi al final de su vida todavía le conmovían las sacudidas atroces de este perro mundo, y a su vez, su espíritu se entusiasma ante las grandes manifestaciones del pensamiento humano. Su capital, su riqueza estribó en la inmensa cultural que poseía. Meditativo y elocuente, magistralmente elocuente; por él rezumaba la sabiduría y la humanidad.

La desaparición de su hija y posteriormente su mujer le dejó una mueca de dolor que lo hizo más etéreo, más frágil y sensible. Su escaso cuerpo postergado ya casi no le aguantaba; tenerse de pie e intentar trémulamente caminar era sufrir un calvario, pero sentado en su sillón junto a la estufa que le proporciona el calor necesario para que su sangre fluyese por su cerebro; y escucharle, era recibir uno de los grandes placeres del espíritu humano.

Su biblioteca, es densa y profunda como fue su privilegia mente. En los libros y en su mirada serena y crítica, desarrolló un caudal de sabiduría que le propició su inmensa fortuna. Durante toda su vida se dedicó al estudio del conocimiento humano de la filosofía de Bertrand Russell, el filósofo pacifista inglés que durante la primera guerra mundial incitó al mundo a la objeción de conciencia siendo encarcelado por ello. Russell, fue sin duda el espejo donde su espíritu se reflejó plenamente, junto a Ortega, Marañón y Machado y otros que estudió plenamente. Lástima que no se hayan publicado nunca sus conferencias y otros textos que esporádicamente muy pocos hemos leído, o escuchado sus lecciones esporádicas pronunciadas en el Instituto Azorín, invitado por el profesor Salvador Pavía.

Quienes le conocimos, jamás olvidaremos su importante exponente laboral realizado en una empresa de Elda, y el cultural dotado de conocimientos con plenitud universal. Su espíritu dolorido permaneció siempre erguido e inhiesto, sustentado por su riqueza espiritual, pues jamás se doblegó ante el imponente Becerro de Oro que tanto domina la sociedad. Su olvido nos hizo cómplices de la insensibilidad que afecta al mundo. Nuestros sabios, se lo merecieron todo y apenas recibieron un poco de calor del humano. Su nombre solamente figuraba en los listados de personajes del mundo de la cultura. Mas él nunca dijo nada, sabían mejor que nadie de injusticias, de soledades, del olvido de la vejez. El olvido también fue la pesada losa de la tumba para quienes todavía permanecían vivos y solamente necesitaban recibir un poco de calor; aunque quizá sea demasiado pedirle a este gélido mundo. Doroteo fue palabra trémula, verbo fluido de sapiencia, testigo del último siglo fascinante y cruel que cerró el segundo milenio; comprimido en su ser diminuto, guardó celosamente su inconmensurable palabra. No lamentó la vida pues de ella recibió el caudal inagotable de sabiduría del que tanto bebió. En él no cupo aquello de que cuando el cabello emblanquece el corazón ennegrece. La grandeza le asistió, y la veneración y el respeto lo consagraron como uno de los mejores hijos de Petrer, del pueblo por el que tanto sufrió silenciosamente, calladamente, tragándose sus lágrimas, llenando día a día, cántaro a cántaro, su profundo pozo de sabiduría.

Doroteo Román vivió en los oscuros parajes del olvido. Estrella que, por voluntad propia, siempre ocultó su brillo. A pesar de ello, su nombre, su vida vocacional dedicada plenamente a la cultura de un modo autodidacta, enriqueció el patrimonio cultural de este pueblo, donde, sus mejores intelectuales persisten apasionados en la lucha política, o escribiendo bajo seudónimos con temor, incluso para ensalzar, casi olvidando la verdadera esencia de la cultura en su eterna búsqueda de la verdad.

Doroteo Román fue el gran desconocido en el ámbito juvenil de la vida cultural de este pueblo, sin duda, todos somos proporcionalmente culpables de ello. Un par de artículos sobre su persona es lo máximo que se escribió sobre él, si bien habrá que agradecer a la periodista Patricia Navarro que en el año 1993, en la revista Festa publicara una extensa entrevista donde se hallan todas las claves para conocer a fondo, todo su profundo pensamiento y el candor de su sabia palabra. Su memoria y su recuerdo siempre nos acompañarán mientras esperamos que su fecunda obra sea rescatada en profundidad y su nombre figure en el “mausoleo” de los hijos ilustres de este pueblo, ahora, que se va cumplir en la próxima primavera el primer aniversario de su muerte.

Doroteo Román murió 6 de Abril de 2006.

Francisco Máñez Iniesta