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| Cuentos
y relatos |
Eldenses
en las fuentes del Nilo (Publicado en la revista Alborada, Nº 51-2007) |
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Paco Juan |
Antonio Muñoz |
José Sanchiz |
Miguel Español |
José Fco. Maestre |
J. Manuel Maestre |
Congo: La Ruta de la Belleza |
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Aquellos
días me sentí un privilegiado. Nos encontrábamos
en la región de los grandes lagos en el centro del África
negra, andorreando bajo los mismos cielos que lo hicieran Stanley, Speke,
Norton o el propio David Livinstone, legendarios exploradores de la
época victoriana. El destino final de aquel viaje eran las montañas
del Ruwenzori, situadas al norte del Tanganika, entre los lagos Albert,
Edward, George y el inmenso Victoria, todos ellos fronteras naturales
entre el Congo, Uganda, Rwanda, Burundi, Kenia y Tanzania. Nos habían
hablado tanto de aquella fantástica tierra de los Virunga, que
un grupo de eldenses nos propusimos recorrerla, en nuestro acercamiento
a las montañas de la Luna, las legendarias fuentes del río
Nilo. El objetivo era la realización de un reportaje videográfico
sobre aquellos lugares. |
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Montados sobre una plataforma en la
caja del camión |
Atardecer en la región Virunga.
Volcán Nyiragongo |
Nuestro viaje quisimos que fuera sin prisas, deteniéndonos para admirar todo lo que el camino ofrecía y así salimos una tarde sin importarnos la hora, para recorrer los 73 kilómetros que nos separaban de Rutshuru y sus plantaciones de café, pequeña aldea cuyo nombre recibe del río, que es afluente del Semliki o Nilo Blanco. El serpenteante camino transcurrió entre volcanes, mientras la tarde moría lentamente bajo un cielo limpio y grande que nos lleno de sensaciones nuevas. Olores y colores de la autentica y milenaria África que fue penetrando, para bien y para mal por todos los poros de nuestra piel. La noche aumentó el riesgo inquietante de las ramas golpeando con secos varetazos sobre la caja del camión, en un ejercicio constante de esquivar el golpe. Estábamos pagando el exceso de confianza, pues cualquier trayecto en África conlleva, diez o doce veces más, que el tiempo necesario en Europa. Rutshuru estaba totalmente a oscuras y sin luz en mitad de la noche, cuando al fin llegamos. |
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Pescadores en Vitshumbi. Lago Edward.
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Hipopótamos en La Ruwindi |
Extensos platanares cubren onduladas colinas antes de llegar al parque de La Rwindi, el más celebre y antiguo del país creado en 1925, que merece, como mínimo, un par de días de escala para recorrer sus extensiones, admirando la fauna salvaje y las pescaderías de Vitshumbi, donde los hombres extraen su carga de tilapias del lago Edward y se la disputan en sus abarrotadas orillas a los avispados pelícanos que andan al acecho compitiendo con los feos caribúes. (El lago se llamaba entonces, Idi Amin Dada). Elefantes y leones, siempre difíciles de ver y las grandes concentraciones de hipopótamos, cebras, manadas de ñús y toda clase antílopes en las grandes extensiones de la sábana africana, dan la visión vitalista de lo que tuvo que ser la tierra en la antigüedad. Se entiende con rapidez, cada vez que bajamos al suelo para filmar, la necesidad de agruparse que, al igual que los animales tiene el ser humano, y para volver al camión funciona siempre el recurrente “tonto el último”. Ver en vivo y en directo el sagaz ritual de caza de una leona, fue el triste premio que nos hizo aprender de golpe la realidad de la vida salvaje. |
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En Kanyabayongo también las
bicicletas son arcaicas. |
Extrarradio de Kanyabayongo en la Ruta
de la Belleza |
Cuando el corazón logra asimilar la belleza exultante de esta tierra, y creemos improbable mayor sorpresa, llega ante nuestros ojos la arcaica Kanyabayongo, aldea multitudinaria, levantada sobre la principal elevación montañosa que se desparramada luego sobre un mar de verdes y ondulantes colinas de roja tierra y grandes eucaliptos, salpicada de bananeras y frutales que traen el aroma fresco y suave de lo exótico; ¡Ahora mango!, ¡ahora prunas del Japón!, ¡ahora maracuya!, exquisiteces que son un regalo para los sentidos. Detenida en el tiempo, su larga calle es camino y arteria principal, mercado y centro de la vida social que bulle entre sus cabañas de barro y tejados de hojalata. En todas direcciones se amontona el horizonte en chozas de tejado de palma, más propias del rustico extrarradio donde África se renueva cada día sobre sí misma. Dura tierra de imprescindible ingenio para afrontar la vida. Allí comparto noche en blanco con Miguel Español, tiempo oscuro y de larga dedicación al recargo de las baterías necesarias para continuar la grabación del reportaje que nos habíamos propuesto. Los pitillos caen uno tras otro acompañados por algún lugareño que tampoco duerme ante el rum rum de nuestro motor de gasolina que rompe el silencio de la noche. Nada es fácil en África y cada logro ha de ser ganado con sacrificio y desvelos. Nadie dijo que fuera sencillo filmar en aquella tierra. |
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![]() La línea del ecuador. Importante centro de minas de oro. |
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Desciende luego el terreno desde los 2.200 metros a la región de Luofu, arbórea, casi selvática, verdadero reino del bambú. Más adelante Lubero y después Butembo; de nuevo el café y también el te, aromatizan el aire sutilmente. Rica en minas de oro y sobre todo enclavada a poca distancia de la misma línea del ecuador, curiosidad geográfica que un cartel refleja junto al camino. Los 120 kilómetros que nos separan de Beni, los aprovecha Isaac, nuestro chofer para darnos una paliza en el cuerpo que duró trece horas, interrumpidas solamente para comprar fruta, comer un poco de maíz hervido y un espeso, pero mal café de olla. El día ha sido un continuo saludar con el sonoro ¡Uelele! a las gentes de esta rica zona agrícola, especialmente a la chiquillería. No tenemos derecho a quejarnos. La peor parte se la llevaría como siempre Capenet, el ayudante de Isaac, de un negro tan intenso como el carbón brillante, que no ha parado en todo el día de usar la pala para rellenar los cráteres del imposible camino. |
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![]() José Fco. y Sanchíz en el mercado de Beni, ciudad al norte de la región de Kivu |
Beni,
es la gran ciudad al norte de la región de Kivu. Su censo andaba
cercano a los treinta y cinco mil habitantes y ¡milagro! Dos kilómetros
de asfalto en la avenida Mobutu, su calle principal y centro del comercio
de marfil, ahora prohibido, el único asfalto que hemos visto en
una semana nos recuerda que rodar sin botar es posible. Beni tiene una
gran importancia dentro del campo de la farmacopea química y alimentaría,
por ello es corriente ver hombres blancos y ¡por fin! Una buena
cama y un hotel, que sería nuestra base para la organización
de equipos y avituallamiento de todo lo necesario para la montaña,
en su gran mercado. |
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El Semliki une los lagos Edward y Albert y parte desde este último convertido en el Nilo Blanco, para atravesar el Sudan. Junta luego sus aguas en Jartum con el Nilo Azul y siendo ya el Gran Nilo, recorre Egipto y se vierte al Mediterráneo sobre el Delta de Alejandría, en el más fantástico recorrido de la tierra. |
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Un inconsciente aunque vigilante baño en sus aguas infectadas de hipopótamos y una comida, incluido mantel, al más puro estilo de las exploraciones de la época victoriana, allí, en la desembocadura del Semliki, fueron merecida recompensa, tras descender de las increíbles Montañas de la Luna, bello, misterioso y olvidado paraje del que un día os hablaré, pues aquí termino ya el relato breve, de unos viajeros eldenses que cruzaron los Virungas por la Ruta de la Belleza, hasta alcanzar las fuentes del Nilo, en el mismísimo corazón del Congo.
FIN |
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